Hagamos el esfuerzo, en primer lugar, de representarnos con algo de exactitud nuestra nación, y para ello observemos el país: los pueblos conservan siempre la huella que es más profunda si en el momento de establecerse eran pueblos incultos y jóvenes.
Cuando los españoles colonizaron la isla, trajeron consigo armas, instrumentos, arte, industria, instituciones, ideas, es decir, una civilización antigua y completa con la cual podían mantener el tipo adquirido y resistir a los influjos del nuevo medio; pero esa misma España traía consigo el germen de la anarquía y de la lucha por el poder: Los reinos de Taifas, el poder del rey y el poder del clero, Fernando e Isabel, Torquemada y Cervantes, todas esas manifestaciones humanas que se arrastran en lo más profundo de la mente del ser humano.
Así hemos llegado al siglo XXI ¿Qué tenemos hoy en Dominicana? Un hombre nuevo, pobre e inerme que se encuentra entregado en manos del poder y la riqueza súbita, éstos le envuelven, le transforman, le moldean y se pliega bajo la presión del medio físico, del cual no le defiende su pasado.
Exaltado y embrutecido por una corte de miserias humanas, no damos credibilidad a nuestros ojos al verle en el acto de las firmas: Por supuesto que me refiero a Leonel Fernández Reyna, pero no es sólo él; miremos a su lado, a los del PRD. Planee domesticar un gato o un cuervo, de seguro que los resultados le decepcionarán.
Planee domesticar al PRD y tendrá el mismo resultado: Imposible. Eso, domesticar al PRD, lo han intentado sus presidentes a lo largo de su historia; desde Juan Bosch que no pudo, Peña Gómez tampoco y Miguel Vargas, que ya entró en lo ridículo, mucho menos. Lo de creerse que ser el presidente del PRD garantiza el control de ese partido es tan ingenuo como creerse que por controlar medios de comunicación puedes conseguir la reelección a la presidencia o evitar la cárcel. Pero la historia de los intentos de ambas cosas es larga y repetitiva. Y ya cansa.
“Hay un país en el mundo colocado en el mismo trayecto del sol” nos revelaba Pedro Mir. Tan justo en el trayecto del sol que nos achicharra el entendimiento, el pensar tranquilo y a largo plazo.
Parece que el clima contribuye a los malos hábitos. La espesa sensación de calor y de plenitud animal contribuye a pensar “sólo en lo mío”, en esa inmediatez que nos corroe y no nos permite ver que si nos pasamos en amarillo el semáforo, cuando hay un grupo de vehículos justo debajo del artilugio, haremos un lío mayúsculo, que tarde o temprano se revertirá contra nosotros.
Fernando Casanova y Llaca, es abogado
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