Los primeros y más duraderos conocimientos que una persona recibe desde su primera infancia es en la familia nuclear, cuyos miembros componen el hogar.
Esos valores aprendidos por medio de la enseñanza y el ejemplo de los padres no los pueden ofrecer la escuela, ni la iglesia u otras entidades sociales, pero se revelarán en cada una de éstas.
Los padres conducirán más eficientemente a sus hijos si siguen esta ordenanza divina: “Y ustedes, padres, no hagan enojar a sus hijos, sino críenlos según la disciplina e instrucción del Señor”.
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