Durante los últimos tiempos se ha registrado un inusitado incremento en la ola de crímenes, robos y atracos en prácticamente todo el país, llevando mucha intranquilidad y temor a gran parte de la población dominicana.
Aquí ya nadie se siente seguro en ninguna parte, sobre todo durante las noches. Son incontables los casos de asaltos a mujeres para robarles la cartera, quitarle un celular o alguna prenda.
Lo mismo ocurre con motoristas, taxistas o deliverys, a quienes los antisociales suelen despojar de sus vehículos, en ocasiones quitándoles la vida. Y que decir de los comerciantes y otros negociantes que también son victimas de atracos y muertes.
Casi a diario la prensa informa sobre algún atraco o intento de robo con pérdida de vidas.
También frecuentemente se informa sobre desapariciones o muertes de ciudadanos a manos de personas desconocidas que en muchos casos nunca llegan a ser descubiertos o atrapados.
La situación tiende a agravarse con las constantes protestas callejeras por los apagones y la falta de agua.
Intercambio de disparosHay que admitir que se ha notado últimamente una disminución en los casos de muertes de jóvenes a consecuencia de alegados intercambios de disparos con miembros de la Policía Nacional, donde generalmente estos últimos casi nunca resultan lesionados.
Lo injustificableAhora con esto de las movilizaciones y protestas callejeras, con frecuencia jóvenes adolescentes y hasta niños, han caído víctimas de la brutalidad policial.En países civilizados, la policía enfrenta a los revoltosos mediante el uso de chorros de agua, balas de goma y otros métodos no tan criminales como es el empleo de armas de fuego contra la ciudadanía indefensa.
Son tales los excesos policiales que ahora se suscitan, que ya la población no percibe a los policías como agentes del orden público, sino, por el contrario, ve a estos como entes temibles que infunden desconfianza y temor en la población.
De niño, yo recuerdo la buena imagen de la Policía, que para entonces era vista como guardiana de la paz y el orden público, constituyendo así una verdadera garantía para la seguridad y protección ciudadana.
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