El de las pruebas nacionales no es un fraude común. De hecho creo que Bernard Madoff, uno de los estafadores más grandes de la historia y que recientemente fue condenado por un tribunal a cumplir 150 años de cárcel, le queda corto.
Me inquietó mucho saber de una noticia en la que se daba cuenta de que directores de planteles públicos, maestros y un grupo de personas habían participado de un fraude a través del cual los estudiantes de esos centros educativos recibían las respuestas a las preguntas por mensajes de texto por medio de aparatos celulares.
Quise investigar con mis compañeros que sí tuvieron la oportunidad de tomar esos exámenes y no puedo negar la decepción y la impotencia de que fui víctima al confirmar que todos, sin excepción, han sido parte de este gran engaño que son las pruebas nacionales.
El caso de estos maestros y directores debe ser la punta de la daga, el punto de partida de la revolución y transformación que debe darse en el sistema educativo dominicano.
Es un horror pensar que tanto padres, maestros, directores y toda la sociedad ha sido cómplice durante años de un engaño tan soez como el del negocio de las pruebas nacionales.
Y no hablo por hablar. Desde siempre las pruebas han sido un negocio y una mentira.
Una muestra más de la incapacidad o falta de voluntad de las autoridades y de la misma sociedad por introducir el cambio radical que necesita el sistema educativo dominicano, la entrada de un nuevo programa en las escuelas que esté a tono con nuestra realidad y que pueda cumplirse en el tiempo establecido, así como la creación de métodos y técnicas efectivas a través de las cuales se pueda establecer si un estudiante está o no en capacidad de pasar de un nivel a otro.
Y creo que la reflexión debe extenderse a los padres, porque como dice el refrán la educación entra por casa.
El grado de descomposición de los valores morales ha llegado a tal extremo, que los padres son capaces de pagar, si es necesario, con tal de que sus hijos resulten favorecidos de una evaluación, que lejos de reflejar el nivel de preparación de los estudiantes, se ha convertido en un negocio del que muchos se benefician.
Que lamentable y vergonzoso que todos hayamos sido cómplices de una infracción que pone en evidencia los niveles de deterioro moral del que es víctima nuestra sociedad.
Esos profesionales que compraron pruebas nacionales, que pasaron de nivel con la ayuda de maestros o gracias a métodos ilegales, esos son los funcionarios del futuro. Entonces, qué podemos esperar de ellos.
Yannerys Paulino es periodista
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