El pasado miércoles 16 parecía que, para el PRSC, iba a ser un día de grandes cambios, posiblemente traumáticos, si se daba la asamblea convocada por un grupo de dirigentes al margen de la cúpula.
Los más osados hablaban de un golpe de estado a las actuales autoridades, aunque en el menor de los casos se trataba de una rebelión de gran magnitud, tomando en cuenta que no solo había “sargentos”, como parecía en principio, sino que detrás de ellos había “generales” como Amable Aristy y Quique Antún. Ese mismo día, bien temprano, llegó una nota de prensa del sector institucional del partido anunciando la suspensión de la convocatoria.
Posteriormente, se supo que Amable estaba reunido con Carlos Morales en un hotel. Los periodistas no llegaron a tiempo, pero el departamento de prensa del PRSC se ocupó de que a los medios llegara una segunda nota, esta vez con fotos de Morales y Aristy, en un ambiente claramente distendido. Este documento incluía declaraciones de ambos informando sobre el acuerdo a que habían llegado.
Roberto Brito, como encargado de prensa del partido rojo, hizo su trabajo, pero detrás de toda esta belleza, había algunos detalles interesantes…
Perdonavidas
Una tercera nota, enviada por Chichí de Jesús, periodista vinculado a Amable, confirmaba la suspensión de la asamblea y mencionaba la intervención del presidente de la Junta Central Electoral como una de las razones.
Pero lo más curioso es que en la misma nota aparecían declaraciones de otros dirigentes, como Ramón Pérez Martínez y Eddy Alcántara, que criticaban la decisión de suspender la asamblea y aseguraban que no habían desaparecido las razones que impulsaron la convocatoria. Amable, finalmente queda como un “perdonavidas” que accede a apagar un fuego en el que se supone que los carbonizados serían otros.
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