Los voceros de los dos bandos que se enfrentan en el PRD insisten en la necesidad de una victoria contundente como requisito para mantener la unidad en ese partido. Tanto miguelistas como hipolitistas dicen que en la medida en que los resultados sean convincentes se alejarán las posibilidades de pataleo.
El razonamiento parece un tanto simplista. No se puede supeditar la unidad de un partido al hecho de que un precandidato le dé “una pela” a su contendiente. De hecho, sería mejor que tanto la gente del MVP como los seguidores de “papá” abandonaran ese argumento. La percepción casi generalizada es que la cosa está cerrada.
Golpes
En ese escenario, los precandidatos intentarán dar golpes de efecto, sobre todo en este tramo final. Miguel Vargas ha tomado la ofensiva en las últimas horas, primero con la incorporación del diputado de La Vega, Radhamés García. El legislador es, para los fines de lugar, una buena adquisición.
Es cierto que se trata de un personaje pintoresco y además, marcado por el caso de “los chinos”, pero tiene votos, que en este caso es lo importante, y además viene del otro bando. Ayer otros se sumaron a la causa de Miguel, incluyendo a la gente de Gilberto Serulle. Ahora hay que esperar la reacción de Hipólito…
José Frank
En ese mismo contexto de una contienda reñida es que se entiende como muy lógico el hecho de que ambos precandidatos hayan contactado a José Francisco Peña Guaba, presidente del BIS.
Ni a Miguel ni a Hipólito le harían daño unos votos extras. Probablemente la idea nunca fue de apoyo público, sino de algo soterrado. Hay que recordar que José Frank trabaja con perredeístas y experredeístas.
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