Cuando nuestra otra mitad, que también es nuestra frontera con la realidad, salía del consulado norteamericano comenzó a sacarles de los bolsillos de los chalecos a las tres muchachas unas ramitas llamadas rudas.
Ella se desprendió de una que llevaba detrás de la oreja y cuando le pregunté el nombre al momento de lanzar este artículo cuatro años después nos reveló que igualmente había metido en uno de nuestros bolsillos una ramita para la suerte.
Aquella vez las muchachas, nuestras hijas, inmediatamente llegaron a la casa se conectaron a Internet para buscar todas las condiciones que debían cumplir para conservar el visado que le habían otorgado.
Esas dos conductas, la de las muchachas y la de la mujer, nos indican que las supersticiones han terminado siendo contemporáneas de la tecnología y los pensamientos de ayer conviven con los de hoy.
Eso es lo que explica que cuando Jean Claude Duvalier en una especie de abracadabra aterriza en Haití, Julio Martínez Pozo diga al otro día que Estados Unidos no le había dado importancia al asunto, ya que al hecho solamente se había referido un funcionario del Departamento de Estado por Twitter, red social considerada por el comunicador como un simple instrumento del entretenimiento.
Una semana después, el Departamento de Estado también le contestaba por Twitter al abogado del fundador de WikiLeaks, Julian Assange, lo que nos dice que Estados Unidos está en sintonía como nuestro caricaturista criollo, que ha ilustrado que los cables y antenas que mueven al mundo no andan por tierra, sino que bajan del espacio sideral.
Allá las publicitarias que no entienden, porque viven de los medios tradicionales, qué monstruos industriales desaparecieron porque no percibieron los nuevos productos que surgían en sus narices.
De todas las industrias que entraron al nuevo milenio con una ganancia superior a los mil millones de dólares, solamente no son centenarias las del mundo del Internet, por lo que no están equivocados el presidente Leonel Fernández y su otra mitad cuando sacan tiempo para darle una entrevista a Facebook.
Rafael Grullón es periodista
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