La mayoría de la gente tiende a valorarse a sí misma muy por encima de la media, cuando es estadísticamente imposible: así, se explica que todos los organismos de seguridad ciudadana de nuestro país estén convencidos de que trabajan mejor que los demás.
El efecto Dunning-Kruger es un fenómeno psicológico descrito por científicos de la Universidad de Cornell (Nueva York, EE.UU.) según el cual las personas con escaso conocimiento tienden sistemáticamente a pensar que saben mucho más de lo que saben y a considerarse más inteligentes que otras personas más preparadas. El fenómeno, rigurosamente demostrado, se basa en los siguientes principios:
1. Los individuos incompetentes tienden a sobreestimar sus propias habilidades
2. Los individuos incompetentes son incapaces de reconocer las verdaderas habilidades en los demás.
Ahora resulta que el Código Procesal Penal, ampliamente debatido, consensuado y, sobre todo, basado en los principios constitucionales vigentes, es una porquería porque no ha resuelto los problemas de criminalidad. Fue notorio desde el principio, que los organismos encargados de su ejecución, Ministerio Público y Policía Nacional, le pusieron todas las trampas posibles para su caída.
La Policía Nacional ha dado de baja a un número importantísimo de miembros de su institución que tenían bandas organizadas operando dentro de todos los organismos de la Policía. Ese simple hecho, tantas veces comentado, de que la delincuencia más preocupante está dentro de los cuerpos armados.
En estos momentos tenemos todo un batallón de “expertos y científicos” de la criminalidad sugiriendo ideas y vendiendo proyectos de seguridad porque no se han podido resolver los problemas de delincuencia, y sobre todo muchos tratando de modificar el Código Procesal Penal, como si un código legal por sí solo puede resolver un problema jurídico y social.
No, el Código Procesal Penal es un instrumento válido, viable y sobre todo garante de principios constitucionales explícitos. El problema de la delincuencia sigue tomando fuerza porque hemos creado una sociedad de complicidades, de corrupción sin sanción y de valores antisociales.
Una sociedad en la que el que ostente más dinero, no importa su procedencia, tiene asiento en primera fila en cualquier actividad, tiene los saludos y abrazos sonoros en cualquier encuentro y tiene hasta la posibilidad de hacerse con una candidatura presidencial en los partidos con más militancia del país.
Hemos entrado en un sistema de valores en el que se promulgan leyes de austeridad y de transparencia, anunciadas con mucho ruido mediático, sin embargo el Presidente de la República se va de compras de políticos como en un supermercado, y se deja retratar con delincuentes que “invierten” en el país.
El problema no es el Código, sino los códigos de conducta de los que dirigen.
Fernando Casanova y Llaca es abogado
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