El Producto Interno Bruto (PIB) mide el valor monetario de la producción de bienes y servicios finales de un país en un determinado periodo de tiempo, generalmente por un año. Es usado como una medida del bienestar material de una sociedad. Aunque su creador Simón Kuznets ya en el 1932 advertía en un discurso ante el congreso norteamericano que hay que tener muy en cuenta la diferencia entre cantidad y calidad del crecimiento, entre sus costos y sus beneficios, entre el corto plazo y el largo plazo.
Distintos estudios han demostrado que la Republica Dominicana es de los países de la región que mayor crecimiento ha tenido en los últimos cincuenta años. En el 2010 tuvimos un crecimiento del PIB de acuerdo a cifras del Banco Central del 7.5% e inclusive hemos tenido crecimiento del 12% como sucedió en el 1972.
Las consideraciones de Kuznets sobre el crecimiento desde la perspectiva de su calidad y del largo plazo aunque con mucha dificultad han ido tomando especial significación a nivel mundial en las últimas décadas. Por ejemplo el Índice de Desarrollo Humano(IDH) asumido por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) es un indicador social estadístico compuesto por parámetros como una vida larga y saludable, educación e ingreso promedio por ciudadano. Más recientemente otra trascendental contribución al respecto es el Índice de Competitividad elaborado para medir la habilidad de los países de proveer altos niveles de prosperidad a sus ciudadanos.
El PIB no es por sí mismo el indicador de progreso de los países, aunque en la mentalidad de la clase política dominicana sigue siendo predominante. Hay que superar desde ya ese gran retraso en el tiempo. Tanto porque a partir de la fórmula de crecimiento económico, es decir la ecuación macroeconómica básica, si se gestionan apropiadamente cuatro variables, es decir consumo, inversión, gastos del gobierno y exportación neta junto a la masa monetaria y la política fiscal y si se dan las condiciones nacionales e internacionales apropiadas, no tienen porque presentarse grandes problemas con el crecimiento . Hay quienes consideran que se podrían eliminar los bancos centrales y darle dicha tarea a un organismo internacional multilateral y de seguro se obtendrían al menos cifras similares.
No es exagerado lo que se afirma, solo basta mirar que prácticamente todos los países de la región en la actualidad como por arte de magia exhiben notorios crecimientos económicos; o en caso contrario debemos aceptar que Paraguay con un crecimiento económico al 2010 del 9.7% o Perú que presenta cifras similares en los últimos años los dirigen verdaderos magos o extraordinarios genios de las estrategias de desarrollo. No es así. Tales cifras no aseguran por si solas la senda del verdadero desarrollo de esos países ni para ningún otro que lo pueda lograr.
Si el Índice de Desarrollo Humano así como el Índice Global de Competitividad miden efectivamente la habilidad de los países para promover altos niveles de prosperidad en sus ciudadanos ¿Por qué no tomamos dichas referencias como las principales y de manera sincera trabajamos por el desarrollo autentico de la República Dominicana fuera de propaganda y poses?. Pero hay algo mas, ambos índices tienen en la educación el factor principal del autentico desarrollo humano que impacta la calidad del desarrollo económico y el largo plazo reduciendo de manera impresionante lastres como la inequidad como un importante aporte a la justicia social.
Japón en 20 años se levantó de las ruinas de la Segunda Guerra Mundial con el infausto ensayo de las primeras dos bombas atómicas sobre las espaldas de sus ciudadanas y ciudadanos para llegar a ser en ese tiempo no solo la segunda economía del mundo, sino uno de los países de más alta prosperidad para los seres humanos en su territorio. Le siguió por la misma senda Corea del Sur, Taiwán, Singapur; hoy China y Vietnam. En la región ya Costa Rica había marcado su ruta en los años cincuenta del siglo pasado, más recientemente Chile y ahora Brasil que en un poco más de una década es la nueva gran noticia del desarrollo humano en el mundo. El factor común fundamental mas allá de las coyunturas en todos los casos citados ha sido la educación de calidad junto a su impecable gerencia educativa.
Se ha dado un giro radical en la forma en que se ve la Economía en su impacto en el desarrollo de las personas. Es el resultado de estudios de elevadísimos niveles a partir de los cuales sus autores han recibido no solo el reconocimiento internacional sino el otorgamiento del Premio Nobel de Economía. Se destacan estudiosos como Amartaya Sen, Joseph Stigliz, Kenneth Arrow y Gary Becker. Ya en épocas más distantes Theodore Schultz y Arthur Lewis. En sus distintas investigaciones se demuestra que los mercados competitivos hasta en los casos más próximos al ideal de la competencia perfecta, por si solos no aseguran la prosperidad dentro de la equidad. Sin embargo todos coinciden en que la educación de calidad es un factor clave del desarrollo humano.
Es justo reconocer que la sobrevaloración del crecimiento del PIB no se reduce a los políticos que explica entre otros la reducida inversión en educación en los últimos 20 años y la frecuente fiesta que celebra el crecimiento económico. También los economistas con todo y el avance significativo del área mediante el incremento de profesionales con grados de maestrías y doctorados predominan los que participan del jueguito de la estabilidad macroeconómica con crecimiento marginando hasta casi ignorar los nuevos enfoques.
Comprendamos que a pesar del crecimiento del PIB en los últimos 50 años ocupamos de los últimos lugares en los índices que miden el desarrollo. Orientemos el debate en la dirección apropiada y sobre todo las medidas prácticas que nos permitan hacer variar la situación actual. Evitemos que 20 años después como ha sucedido con el Plan Decenal de Educación no estemos como hoy en los últimos lugares en el Índice Global de Competitividad que mide como ya ha sido dicho la habilidad de los países para promover altos niveles de prosperidad en sus ciudadanos.
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