Mucho hablamos de los cambios y de la necesidad de no quedarnos estáticos en un mundo versátil. Sin embargo, el objetivo no es cambiar sólo por cambiar. Veo personas, familias y empresas, que se embarcan en cambios, simplemente porque el cambio se ha convertido en una moda.
El objetivo de cambiar debe ser mejorar algo. Ya sea algo que está mal, o algo que podemos mejorar. Cuando algo está mal, los cambios son drásticos, debemos soltar las amarras que nos atan a esa costumbre que consideramos no productiva o destructiva.
Pero cuando sólo queremos mejorar algo que está bien, entonces es el momento de afinar cosas, pero no de saltar del barco que nos llevó a puerto.
Me concentraré en la segunda necesidad de cambio, la que es para una mejora de algo que está bien.
Veo cómo empresas que han sido exitosas con un modelo se embarcan en cambiar de barco. Claro, siempre habrá barcos mayores que nos llaman la atención. Pero lo malo es cuando llega algún vendedor y nos convence de saltar apresuradamente de nuestro barco que nos ha llevado seguro a puertos maravillosos.
Posiblemente la tripulación del barco maravilloso no sea la más adecuada para el nuevo barco. Entonces comienzan a entrenarla para ponerla a punto, hasta que llega el momento, todos están perfectos para dar el salto al otro barco... ¿o quizá el salto al vacío? Lo que pasa a continuación es que los resultados no son satisfactorios y los empleados inician una desmotivación por la falta de resultados y la presión de los altos mandos.
Como los resultados no son los esperados, entonces hay que bajar costos y no hay mejor lugar para cortar que... los sueldos de los empleados: «Tenemos que sacrificarnos por el porvenir» se escucha la voz motivadora decir en cada oportunidad (lo malo es que cuando llega el porvenir no les llega a todos).
Se cortan beneficios variables y luego se reduce personal. En medio del proceso se llama a reuniones para atribuir culpabilidades y se desmotiva más a los que llevaron el barquito anterior a los mejores lugares. La responsabilidad no es de los que tomaron las grandes decisiones, sino de los que simplemente tienen que ejecutar las decisiones erradas sin las herramientas adecuadas.
Mientras los directivos sólo le dan vuelta a los números para justificarse ante los accionistas y poderles vender una idea de un porvenir grandioso.
Diego Sosa es escritor
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