Eurípides Herasme Peña, don Yiyo, de una especie de periodistas en extinción, terminó sus días en ejercicio de la profesión en el otrora noticiero Noti-Tiempo, donde en su última etapa solamente hacía cuatro cosas en la mañana: corregir las cuartillas embardunadas por los redactores, hacer los titulares del primer bloque noticioso y los editoriales, además de su hobby “Episodio de la Historia”.
Su máxima, para dirigir a los periodistas, era que había que “arar con los bueyes que tenemos”, ya que tenía entre el staff a un personaje del periodismo como Manuel Emilio Victorino, que cada vez que iba a escribir una cuartilla le preguntaba a don Yiyo la fecha del día.
Victorino tendía a desgarrar la cuartilla cuando la sacaba del rolo de la vieja máquina de escribir, y para no escribir de nuevo cogía una grapadora y le pagaba un paquete de grapas, que al don Yiyo recibirla atinaba a decir a todo pulmón: “Solamente hay un Victorino”, mientras el cuartillero murmuraba entre dientes: “Solamente hay un don Yiyo.”
Don Yiyo al abrir la puerta de la redacción alrededor de las nueve de la mañana se le escuchaba decir: “Y la Grulla, llegó.”
Le hacíamos ocho noticias de los primeros titulares, después de los cuales se retornaba a la casa a las doce en punto.
De don Yiyo, majlutista militante y de sentimiento, nos reveló el principal error de Salvador Jorge Blanco, hoy perdonado por toda la sociedad, que fue convocar a su tendencia en el Palacio Nacional para decirle que el principal objetivo era “impedir que Jacobo Majluta llegara a la Presidencia de la República.”
Ese error de Jorge Blanco estuvo por encima de permitir a sus seguidores perseguir hasta el patio de su casa al periodista Velásquez Mainardi, la amenaza de la deportación de Bosch, llamar al pueblo a amarrarse el estómago o tratar de impedir que Joaquín Balaguer usara un helicóptero para hacer campaña
Juan Bosch decía que la historia no puede escribirse a partir de lo que pudo haber sido, pero el pensamiento lógico nos dice que lo de la cárcel no hubiese pasado si Jorge Blanco hubiese comprendido que su enemigo principal no era Jacobo Majluta, sino el doctor Balaguer.
Rafael Grullón es periodista
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