No hay mayor problema en todas las economías del mundo que el del desempleo. Europa, y los Estados Unidos de América están al borde de los estallidos callejeros en demandas de empleos.
Los estudiantes vuelven a tomar las calles en protestas por subidas en las matrículas y por denegación de derechos, y aquí por el 4% a educación; pero las manifestaciones callejeras dan seguidilla y dentro de poco estarán exigiendo empleo junto a los desempleados endémicos que han creado nuestras economías. Se está montando el escenario de las revueltas callejeras con su carga de incertidumbre y muertes.
En la República Dominicana el modelo económico actual se basa en exportaciones de bienes y servicios con bajo nivel agregado. Poca o casi ninguna tecnología propia, y una oferta de mano de obra barata sin especializar, pues la educación primaria y laboral no parece ser problema de los gobiernos.
Si a todo esto le añadimos la inseguridad jurídica que sufren los inversionistas y empresarios establecidos, con la pandilla de funcionarios extorsionadores que “dirigen” el país, pocas esperanzas hay para el próximo año y para el futuro.
El Código Laboral y sus interpretaciones crean más daño que protección al trabajador. A mayor salario, mayor pasivo laboral y mayor terror para el empleador, que muchas veces no puede despedir empleados para salvar la empresa, porque el pasivo laboral es superior a sus capacidades.
Las mafias que merodean alrededor de las litis laborales alejan las posibilidades de que las pequeñas empresas contraten personal fijo o empleo formal. Con cada nuevo empleado estás contratando un enemigo en potencia.
Las cesiones, ventas de expedientes, los depósitos de duplos, las moras en los expedientes puestos a dormir para que engorde la indemnización, y las facilidades para los embargos que ofrece el sistema, hacen que un despido o renuncia simple de un empleado se convierta en una pesadilla para un empleador.
Y si a esto le añadimos la persecución de la DGII, tratando como delincuentes a todos los que tienen un RNC, la pesadilla se convierte en un infierno.
Mientras, los partidos políticos sólo se miran su propio ombligo. Rebatiñas internas desacreditan, debilitan y van minando la confianza en nuestra democracia. El desequilibrio social se agudiza, y el ser funcionario es el único objetivo.
El empleo debe ser la principal preocupación de nuestra clase dirigente, si es que existe. No hay mayor problema que ese en nuestro país, pero es que ser empresario empleador en el país es ser idiota o un iluso, no hay actividad de mayor riesgo a la salud mental que ello.
Empresarios uníos, no tenéis ya nada que perder, porque os queda muy poco para desaparecer.
Fernando Casanova y Llaca es abogado
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