En el país no existe una adecuada comprensión de la real dimensión económica y social del turismo, a pesar de que este sector representa nuestra principal fuente generadora de riqueza, tanto por lo que aporta directamente, como por su capacidad de derrame sobre otros sectores productivos.
Así se acaba de poner de manifiesto en el proyecto de Presupuesto 2011, sometido por el Gobierno al Congreso, que propone el 0.20% del monto total a un sector que representa el 25% del PIB de República Dominicana. Una inversión pírrica para un renglón que genera cientos de miles de empleos de manera directa e indirecta, que influye en otros importantes sectores productivos y que aporta al Gobierno más de 4 mil millones de dólares en impuestos.
Entre el año 2002 y el 2009, el porcentaje del presupuesto nacional ejecutado por el Ministerio de Turismo se ha reducido de un 0.70% a un 0.20%, a pesar de que los ingresos generados por el sector en ese período pasaron de 2 mil 700 millones de dólares a 4 mil millones.
El propio ministro de Turismo, Francisco Javier García, quien ha logrado reorientar positivamente el rumbo de la política oficial de cara al sector, acaba de plantear que RD se defina como un país turístico, reconociendo explícitamente que aún no hemos alcanzado esa condición.
En el ámbito público existen muchos falsos prejuicios sobre el turismo que los periodistas hemos ayudado a propagar, sin detenernos a reflexionar qué tanta verdad o qué tanta mentira encierran ciertas afirmaciones tremendistas.
Por ejemplo, ¿cuántas veces no hemos reproducido los comunicadores la socorrida afirmación de que el turismo es responsable de la pobreza, la arrabalización y la delincuencia que se genera en el entorno de algunas comunidades turísticas, sin apuntar que esas aberraciones no son un resultado particular del turismo, sino de una condición ya existente?”.
Debería estar claro que no es a los actores del turismo a quienes corresponde distribuir con sentido de equidad social los beneficios que recibe el Estado de esta actividad, ni manejar el impacto que genera el desarrollo turístico desde el punto de vista social y urbanístico, sino al Gobierno Central y a las autoridades competentes.
Esos fenómenos también se suscitan en torno a las zonas francas, la agricultura, la minería y la industria azucarera, sin que esos sectores sean estigmatizados por crear oportunidades económicas y por reflejar al mismo tiempo los signos de nuestra pobreza.
Lo justo es que los periodistas tratemos el tema turístico con sentido crítico pero sin los prejuicios que históricamente han marcado el enfoque público de esta actividad.
Luis José Chávez es periodista
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