Un modo anormal de gobierno, impuesto por las circunstancias, se ha adueñado del Poder de forma tal que aparenta querer eternizarse. Su forma de afincarse para resolver esa provisionalidad, que ellos tratan de hacer perenne, es mediante el Presupuesto Nacional con sus recaudadores de impuestos. Hace poco tiempo los dominicanos decíamos que había muchas deficiencias en los servicios públicos, pero que por lo menos no pagábamos “tantos impuestos como en otros países”.
Ahora no, pues el ogro tributario nos está sacando las tripas y amenaza con devorarnos por entero. Cada vez que no les salen las cuentas en su derroche populista y corrupto, se lanzan a modificaciones impositivas. No hay actividad en la que los actuales recaudadores de impuestos no estén buscando la forma de cómo sacarnos más dinero, y encima tratarnos como delincuentes.
Pensaríamos que quizás ahora nos están ofreciendo contrapartidas, pero no; las deficiencias en los servicios públicos son más notorias ahora. No hay servicio que sirva y por eso los quieren privatizar, para seguir cobrando los impuestos y que, además paguemos los servicios aparte, a empresas privadas.
Contribuir al sostenimiento de los gastos públicos es una obligación tan evidente, que lo que genera discusión no es su legalidad, sino las condiciones en las que se debe pagar. Los impuestos son inversiones del ciudadano para que su nación prospere y, con ella, ellos mismos. Sin embargo, el principio de ordenación del gasto de conformidad con los recursos públicos y la reserva de ley, así como la igualdad en materia tributaria, no está tan definido.
El dispendio en líneas de un Metro tramposo y la compra de aviones innecesarios son desproporciones que ninguna persona cuerda se podía imaginar, pero ahí están, ahí están con toda la prepotencia del mundo. Una serie de principios constitucionales marcan las condiciones para igualar a todos en los deberes tributarios. Principios como los de universalidad, individualidad, igualdad, progresividad, no confiscatoriedad y capacidad económica. Principios que sugieren ponerle freno a desmanes como los que estamos viviendo.
Los trabajos legislativos en materia constitucional de los deberes tributarios y de la ordenación del gasto público no son muy numerosos, y a veces se presentan llenos de una gran complejidad, ya que gran parte de los estudios sobre el tema han sido preparados por técnicos tributarios o por economistas, que muchas veces no son lo que se dice “claros” en sus exposiciones al gran público, debido a la profusión de términos técnicos.
Nuestro sistema tributario es complicado, arbitrario, medalaganario, y contraproducente en muchos casos. Si estamos en modernización y creación de nuevos instrumentos jurídicos, meterle mano al uso partidario personalizado del presupuesto nacional es obligatorio. ¿Pero quiénes lo harían? ¿Los actuales Congresistas?
Fernando Casanova y Llaca es abogado
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