La democracia no sólo es ganar con la mayoría de los votos. La democracia es respetar las instituciones y la separación de poderes.
Si con la mayoría de los votos obtenidos en elecciones se violentan las instituciones y se olvidan las promesas con las que ganaron esos votos, esa elección no es válida, porque han sido violentadas las herramientas de la democracia mediante el engaño, el truco mediático o económico.
El caso de la elección y no toma de posesión por tres veces consecutivas de Amable Aristy como senador por La Altagracia es una manifestación evidente de que la democracia necesita tener herramientas para contrarrestar los ataques de abusadores del voto popular.
El voto popular burlado para satisfacer intereses mezquinos, totalmente particulares, es lo que ha hecho el personaje de La Altagracia. Esa historia, la villanía de Amable Aristy para con sus votantes, para con la democracia, para con la Virgen de la Altagracia, para con la República Dominicana viene de lejos.
Viene desde aquel apoyo de Leonel Fernández con tropas policiales en la Liga para que Amable Aristy se saliera con la suya, aquella vez que provocó el “Entre to, coño”.
En Brasil ganó un payaso apodado Tiririca con mayoría de votos individuales. Un payaso sin ninguna experiencia política, ni de administración pública.
Hace varios años en Italia ganó una prostituta basada en su campaña de enseñar las tetas a todos los medios. ¿Qué se puede esperar de esos candidatos? Pues nada, porque no ofrecían nada, sencillamente utilizaban los medios para burlarse del sistema, y los votantes les votaron para vengarse de los políticos. Pero el daño a la democracia haciendo eso es inmenso.
Es banalizar las instituciones democráticas, a los representantes políticos del soberano, por lo burdo y lo estrambótico de los personajes elegidos.
Ese payaso, esa prostituta son menos ofensivos que el electo senador Amable Aristy. El espectáculo de estos días porque no se le tomó en cuenta en la elección del CNM, en el cual él está convencido que hay un buen botín, es insultante. El personaje de la Altagracia quiere ser Dios, quiere el don de la ubicuidad, es tanta su ambición, es tanto su descaro.
Los reformistas y el PLD son los responsables de esta burla. Ellos son los culpables de que nos esté ofendiendo a todos. ¿Qué ha hecho ese señor por el país, por la democracia, por la decencia? Lo tendremos ab aeterno porque nuestra sociedad ha dejado al país al garete. Nuestros supuestos líderes naturales desaparecieron.
Y nuestra nación va a la deriva con los peores dirigentes. Al final, los que más tienen serán los que más perderán y parece que no se dan cuenta.
Fernando Casanova y Llaca es abogado
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