En los años 60 y 70 los izquierdistas, ahora auto-proclamados progresistas, repetían mucho la frase “Los pueblos que no conocen su historia están condenados a repetirla”.
La historia de Trujillo han tratado de contárnosla innumerables veces, pero una y otra vez siempre los mismos y desde el mismo punto de vista.
Los intransigentes vociferantes ante el prólogo de Moya Pons, sobre un libro de Bosch, igual que otros intransigentes vociferantes ante unas memorias de Ángela Trujillo, dan una idea de lo poco demócratas y lo muy apabulladores que podemos ser ante la opinión ajena.
En el caso Trujillo ¿quiénes son los que más se oponen a que se escriban versiones distintas a las historias contadas por los mismos de siempre? Sin dudas se puede decir que son los que viven y han vivido, después de Trujillo claro, del título de “antitrujillistas”.
Sólo con hurgar un poco en la historia veremos que esos héroes y “combatientes antitrujillistas” que suenan y suenan cada 30 de mayo eran personajes cimeros de la vida nacional en la era de Trujillo; encumbrados funcionarios o gobernadores, diputados nombrados por el Jefe y ahora superintendentes, o hombres de confianza del dictador.
La idea de un museo, no de un monumento, o de alguna memoria de familiares o defensores de Trujillo ponen nerviosos a muchos. Si en verdad se quiere saber el monstruo que era Trujillo sólo hay que dejar que fluya la información, que más voces y con metodología científica hurguen en el personaje y la época. Pero es que, a veces, que cuenten la historia da miedo.
La humanidad se ha destacado por lo brutal que ha sido durante todas las épocas, sólo hay que leer la historia universal, puras masacres de pueblos, puras vejaciones de individuos e ideas.
Las nuevas generaciones necesitan desprenderse de fantasmas que atosigan a nuestros abuelos y padres. Las nuevas generaciones necesitan oír todas las campanas del llamado a misa de la historia.
Las nuevas generaciones necesitan comprender para no repetir errores. Las nuevas generaciones están siendo enrutadas hacia modelos parecidos a los del trujillato.
Cuando mataron a Trujillo éste iba sólo con su chofer. Parece que no tenía tanto miedo o parece que creía tener todo controlado mediante el miedo, pero lo cierto es que no andaba con el aparataje que ahora anda cualquier ministro o vice-ministro del PLD. Mataron a Trujillo cuando los servicios de inteligencia USA se decidieron a ello.
Que conste que mi familia sufrió por los Trujillo, que conste que no soy trujillista. Hasta eso hay que aclarar para hablar de Trujillo, porque si no, te crucifican. Así de intransigentes son ahora los mismos de antes.
Fernando Casanova es abogado y máster en regulación económica
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