Es preciso regular las libertades para poder vivir en sociedad, y la libertad de expresión no debe ser la excepción. Por ello nuestra Constitución en su artículo 49 la regula específicamente. En USA la Primera Enmienda prohíbe que la legislatura“…haga ley alguna que prohíba la libertad de culto, de expresión, de prensa,…”. De ahí la gran libertad que hay en USA, incluidos los programas “basura".
Para oír basura aquí sólo hay que sintonizar la radio en la mañana o ver la televisión. Pero eso no es motivo para coartar un derecho fundamental.
En Funglode, un think tank que de think tiene poco, han sido iluminados por su Presidente para crear o modificar la Ley de expresión, y así controlar las “malas palabras” en los medios. Quizás solo quieran oír las “bonitas palabras” de su presidente, como en Cuba las de Fidel.
Ya nuestra Ley regula el uso abusivo de la expresión en los medios, pero el daño hay que probarlo a posteriori, como debe ser. Los que se creen con un “destino” superior quieren saber primero qué tú vas a hablar antes de que hables.
Programas como “El gobierno de la mañana”, por ejemplo, reflejan el nivel cultural y político de sus oyentes, que son la mayoría del auditorio matutino. La publicidad comercial y política, encubierta o no, se va hacia donde sintonicen la mayoría de los receptores.
Muchos periodistas, afilando cuchillos contra su propia garganta, están justificando el control de la libre expresión culpando al programa de marras. Craso error. Parece que esos periodistas no han podido digerir que ese grupo de alborotadores mañaneros, liderados por Álvaro Arvelo, encontraron la veta que todos desean para sacar dinero con los medios.
Ellos están haciendo lo que la gente quiere oír y entiende. ¿Quién debería ponerle coto a las vulgaridades en los medios? Sólo el público y los anunciantes. Pero no se puede presionar a los anunciantes privados y oficiales con la publicidad porque caeríamos en lo que quiere Rodríguez Pimentel, en censurar a través de la facturación.
El principio debe ser el de la Primera Enmienda constitucional USA, y el de nuestro artículo 49 constitucional.
Hablar de prensa independiente es un poco ingenuo, no existe tal cosa en términos absolutos. No se puede tener una empresa de relaciones públicas y ser periodista independiente. No se puede ser militante de un partido político y ser periodista independiente.
La libertad de expresión se está redefiniendo con nuevos instrumentos de comunicación. Facebook se autorregula. Los blogueros dicen lo que quieran y lo lee quien quiera. Los periodistas tienen que aguantar lo que dicen sus lectores digitales, aunque sean disparates.
Fernando Casanova es abogado y máster en regulación económica
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