En la edición de El Caribe del 5 de enero de 1965, salió una información bajo el título “Acusan Marino de contrabando por 4 paquetes de Hojas de Afeitar”. La cabeza de la noticia calzada con la firma del periodista Julio C. Bodden rezaba “Por aludir el pago de impuesto de cuatro paquetes de cinco hojas de afeitar cada uno, enviaron ayer al penal de La Victoria a un marinero mercante”.
A pesar de que para la época se llenaban barcos de plátanos, cuya exportación estaba prohibida a la isla Saint Thomas para, regresar con las embarcaciones fletadas de cigarros y whiskeys de contrabando, a Melvin Trinidad lo enviaban a la chirola por cuatro paquetes de hojas de afeitar que portaba para su uso personal.
La causa de la injusticia residía en que el marino mercante había sido combatiente en la contienda de abril y era perseguido por el bando contrario. Cuando salió de La Victoria, Melvin Trinidad se escondió en un barco donde su padre era el cocinero y desembarcó en Puerto Rico, donde comenzó su historia como reparador de bolas de barcos.
Excedido en las tertulias con los dominicanos a quienes les daba trabajo en los muelles, Melvin Trinidad fue apresado en Puerto Rico junto a un grupo de compañeros de labores.
A pesar de que el juez que los jugó y condenó a ser deportados hacia su país les advirtió de que de ser enviado por avión perderían el derecho de volver a entrar a los Estados Unidos, convenció a sus compañeros de no irse por barcos, ya que en el muelle de Santo Domingo se encontraría con los mismos que lo habían enviado a la prisión por cuatro paquetes de hojas de afeitar.
Trinidad, quien llegó a ser enviado a África a reparar un barco con un certificado de los norteamericanos que decía Engineer, se retiró de los muelles el 15 de diciembre de 1987 para dedicarse a tiempo completo a la obra del líder que había conocido en la contienda de abril, Juan Bosch.
Cuando Juan Bosch visitaba Nueva York, Melvin Trinidad se convertía en una especie de edecán de su líder y Doña Carmen Quidiello de Bosch, como todavía lo hace cuando llega a la ciudad norteamericana el presidente Leonel Fernández. Para que lo dejaran jugar su papel, el presidente Fernández reunió a miembros de su Cuerpo de Ayudantes Militares para advertirles que sin Melvin Trinidad no hay viaje exitoso a la ciudad de Nueva York.
Cuando Bosch pisaba Nueva York, le encargaba la maleta con los libros a Melvin Trinidad, quien ahora confiesa que aprendió a vender libros de Don Juan. De ahí que hereda la representación de las ventas de las obras de Bosch en Estados Unidos, a lo que se le agregó ser el encargado de la distribución del periódico del PLD Vanguardia del Pueblo por más de dos décadas.
Rafael Grullón es periodista
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