La juramentación en el Congreso Nacional, el pasado 16 de agosto, de los candidatos electos al Congreso Nacional no pinta nada bueno. Las instituciones están siendo atacadas por todos los flancos.
¿Cómo se puede permitir la Democracia un espectáculo como el que nos está dando Amable Aristy? Los ciudadanos de la provincia de La Altagracia, la de mayor crecimiento económico y demográfico del país, la de mayor proyección internacional, la de las postales turísticas, tendrán un representante en el Senado al que no eligieron. Pondrán al que designe Amable Aristy, aunque parece que ya están acostumbrados, que les encanta que les tomen el pelo.
Pero lo grave es que por él ocupará la curul otro, alguien que no fue elegido, y ese alguien será el único representante de la oposición en el Senado, los demás todos peledeístas. Pero es peor aún, será un cambio para que Amable Aristy ocupe la dirección de la Liga Municipal, es decir, para controlar a representantes municipales elegidos, alguien que no fue elegido para eso, sino para otra cosa. Es el don de la ubicuidad, estar en dos sitios a la vez.
El sentido de Estado y de la Historia se ha perdido. El populismo en busca del dinero público ha ganado. Los partidos políticos están afilando el cuchillo contra su propia garganta. Exprimiendo el sistema hasta sacarle la última gota, convencidos de que desde el poder todo es posible.
El caso específico del senador que no quiere ser senador debería hacer pensar a los “líderes” el sentido del ejercicio de la política, de la responsabilidad ante el orden público, ante el pueblo, ante la Historia. Nada, que Amable no quiere ser senador. Que no, y que no, y que no.
Pero hay más en ese zoológico del Congreso. Otros casos son Juan Hubieres y Félix Bautista. ¡¡Por Dios¡¡ ¿Qué conseguirá desde esta nueva posición Hubieres? No le bastaba con tener el dinero y el poder que da ser cabeza de uno de los grupos económicos más influyentes, el del transporte. Parece que necesita un escenario más grande para decidir cuándo y dónde será la próxima huelga, el próximo aumento del pasaje, la próxima reducción de ruta.
Ahora es diputado el dueño del transporte público, ese sector empresarial que más castiga a la clase humilde de este país, cobrándole por un servicio denigrante, caro y sucio. No, también quiere barrilito, placa oficial, pistolas, inmunidad parlamentaria, más guaguas, más poder.
Parece que no nos bastó con Sun Land, Marbella, Metro Tramposo, Liga Municipal, Figueroa Agosto, y demás malas hierbas. Nos seguimos superando en la autodestrucción. Recordad que así la democracia perdió a Cuba y Venezuela.
Fernando Casanova es abogado y master en regulación económica
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