Ciento siete mil millones de pesos son muchos pesos. Y si además esos ciento siete mil millones de pesos pueden estar a tu disposición, se convierten en una tentación irresistible; y si además se es político con alucinaciones de predestinado, esos ciento siete mil millones se convierten en el objetivo a conquistar, en lo que le depara “El Destino”, sin importarle que esos fondos sean el ahorro nacional.
Desde hace unos dos años el gobierno ha iniciado un plan estratégico, una arquitectura, para hacerse con los fondos de pensiones de la Seguridad Social. Primero comenzó con la declaración de que esos fondos hay que utilizarlos en beneficio de la población, y que deben ser administrados de la forma más transparente; y luego nombrando en la Superintendencia de Pensiones a un político de tercera línea, de esos que dicen “Lo que diga el Jefe es lo que va”. Esos hechos son la declaración de guerra pro-fondos de pensiones.
La Ley 87-01 -una verdadera conquista social para crear una sociedad más justa entre la población dominicana- es clara en cuanto al uso de la recaudación, el artículo 95 dice que “Los fondos de pensiones pertenecen exclusivamente a los afiliados…”. Y esa misma Ley regula cómo deben ser invertidos esos fondos, y cuáles son los riesgos y límites que se deben tomar para invertirlos adecuadamente.
En su plan estratégico, la Superintendencia de Pensiones hace unas declaraciones que pueden ser una lápida a cualquier ley o plan que se pueda tener sobre cómo invertir los dineros del fondo de pensiones.
Nos dice que su plan “tiene que ser flexible: indicarnos nuestro actuar pero conservando el suficiente margen para que llegado el momento podamos adaptarlo.” Y además dice “tiene que ser progresivo: no cerrar las puertas a algo que en el futuro pueda llevarnos a cumplir la misión”. Aunque suena increíble, eso dice.
Eso es el pragmatismo en su quintaesencia, ese mismo pragmatismo al que nos ha sometido Leonel Fernández para obtener lo que le interesa a él, a él y a nadie más que a él.
El país no puede dejar que a menos de dos años de unas elecciones presidenciales, con unos personajes que han usado el Presupuesto Nacional - según ellos mismos- para reelegirse, usen el ahorro nacional, en futuras “Villas Liberación” como es su costumbre.
El problema no es cómo usar los fondos, el problema es la falta de confianza en los actuales administradores. El problema es que cuando menos uno se lo espere lo puedan meter en el barril sin fondo, sin presupuesto, y sin transparencia como lo es el Metro, que es pa´lante que va.
Fernando Casanova es abogado y master en regulación económica
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