Hitler, Mao y Stalin, tres figuras que lideraron las matanzas más grandes que recuerda la humanidad. Matanzas que fueron justificadas por ideologías o nacionalismos étnicos.
Esos iluminados eran socialistas o comunistas, incluyo a Hitler porque quizás alguien haya olvidado que NAZI significa nacional socialismo. Los mesianismos arrastran al desastre seguro, y es ahí donde nos está llevando el bolivariano Hugo Chávez. Es ahí donde él cree que está su destino.
La estulticia del pensamiento de Chávez lo ha llevado a hablar de un bolivarismo que nunca ha existido, ni siquiera Bolívar lo imaginó. La realidad e intereses de la sociedad en que vivió Bolívar no son extrapolables en el tiempo, porque no era una ideología, era una toma del poder local, ante las debilidades de un imperio en decadencia, para que no vinieran otros a quitarles lo ganado a esos criollos con mentalidades de caciques.
El grupo siniestro de Chávez, Correa y Evo Morales, teledirigidos por el mesiánico dictador cubano Fidel Castro están amargándole la vida a nuestra América. Vientos de guerra es lo que resopla el dictador venezolano: guerra, muertos y rencores es lo que siempre ha promovido Fidel Castro. Es que sólo con la guerra o la continua confrontación es que ellos pueden mantenerse en el poder, aunque lo hayan conseguido originalmente por las vías democráticas. Democracia que ahora no permiten a sus pueblos.
Colombia se merece que la dejen en paz, ya ha tenido demasiados muertos y angustias. Con Uribe encontraron a alguien dispuesto a enfrentarse al peor drama de su historia, y con el recién electo presidente Santos han decido que van a seguir por la vía correcta. Es injusto, asqueante y de mala gente lo que está haciendo Chávez contra Colombia. Para Colombia el riesgo de Chávez es que se la quiera quedar.
El delirio mesiánico de Chávez, con unos fundamentos lógicos inadecuados, incorregibles y sostenidos amenaza con que los venezolanos y colombianos se maten entre sí. Su declaración de rotura de relaciones no es más que una declaración de guerra formal, porque la guerra informal hacía mucho que la estaba haciendo con sus aliados y mantenidos grupos de las FARC.
Es que Colombia somos todos, América somos todos. Ya está bien de Fidel Castro y su familia, ya está bien de desatinos, que le dejen a Latinoamérica un respiro para ver si de una vez y por todas salimos del subdesarrollo, si de una vez y por todas se instaura la institucionalidad y no los mesiánicos que sólo sueñan con el tableteo de las ametralladoras. Chávez está como un gato perplejo ante el dinosaurio Fidel Castro. Ojalá que su destino no sea el nuestro.
Fernando Casanova Abogado y Master en regulación económica.
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