Les juro que lo oí. Sin ningún empacho, un colega bocinístico lo dijo: “lo que pasa con ese estudio que presentó Ceara Hatton es que la oficina de la ONU está llena de antipeledeístas. Por eso Valerie Juliand fue al Palacio Nacional a pedir perdón”. Seguramente Temo Montás (quien encargó y recibió el estudio) pensará igual que yo que, con mentalidades así, este país nunca trascenderá el privilegiado lugar que ocupa en la más exquisita dimensión del subdesarrollo politiquero parroquial.
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