El pensador alemán Friedrich Nietzsche planteó como absoluta verdad, el hecho de que se pudiera producir incansablemente, la eterna repetición de los fenómenos.
Obviamente que semejante afirmación, algunos la atribuyeron a la condición demencial que al final de sus días padeció este genio universal de la filosofía existencialista.
Sin embargo, al día de hoy, pareciera que la teoría del filósofo prusiano se confirma a lo interno del PRD, dado que la ausencia de novedad temática es un sello propio del partido blanco. Los debates se circunscriben a diatribas de pasillos, porfías interminables y conflicto permanente entre sus dirigentes.
La crisis interna del PRD, la de ayer como la de hoy, es repetida. Es calco genuino, casi confunde al mejor de los observadores.
A falta de un liderazgo que unifique acción e ideología, la formación de neo-tendencias presagia la inevitable confrontación que habrá de darse con la fiera pugnacidad de amigos que se enemistan para siempre y se apuñalan donde más le duele porque se conocen. La asechanza larvada, disimulada en cóctel y recepciones, emerge para descabezar al opositor interno.
Y como siempre se repite en el PRD, los proyectos personales, se llevan de encuentro al proyecto colectivo de llegar al poder, y aun cuando a pesar de sus propios errores, lo conquistan, se caen a garrotazos en combates interminables que sólo toman reposos temporales en la jaula perredeísta.
El eterno retorno de Nietzsche, se hace vigente con la propuesta de Guido Gómez Mazara para que la dirección del partido blanco sea asumida por una comisión de notables.
Aún don Virgilio Bello Rosa anda por los pasillos de la JCE reclamando irregularidades, y ya Eligio Jáquez lanzó su proyecto a la presidencia, lo propio hizo el novel Luis Abinader así como el veterano Hipólito Mejía. Digan si no es repetido, escuchar que en el PRD soliciten la renuncia del presidente de esa organización política, o si no es conocido que prefieran la derrota interna de uno de sus compañeros para luego pedir su cabeza.
Al igual que en el pasado optaron por Balaguer en lugar de Majluta, en las recién concluida elecciones algunos no hicieron mucho esfuerzo para que hubiera ganancia de causa. Aunque en el PRD, claro está, como en el bosque, hay tórtolas y fieras, diría Martí.
Así las cosas, en la próxima convención, el partido de Peña habrá de transformarse en coliseo romano, en el que los gladiadores afilan hachas y espadas, y es casi seguro, que de no matarse en combate, al menos, se dejarán muy mal heridos.
Graynmer Méndez es comunicador
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