De los 450 mil puestos del Estado (un empleo o botella cada 22 habitantes), el más cómodo es uno cuyo titular no habla, ni se deja ver, ni participa en nada, ni pronuncia discursos en ninguna campaña, ni compite con Jay Payano en figureo fotográfico.
Nada. Del titular de ese cargo, que debe ser la envidia de los mudos, sólo se sabe los viernes, cuando sube, baja o siguen igual la gasolina, el gasoil y el gas.
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