Con demasiada frecuencia estamos inmersos en discusiones estériles sobre nuestras carencias materiales y debilidades institucionales que, aunque reales e inocultables, no conforman la totalidad de los elementos variados y en muchos casos positivos que conforman la realidad nacional.
No se trata de hacer como el avestruz, o sea, ignorar nuestros males y flaquezas, sino debatirlos pero enfocados hacia búsqueda de soluciones para no quedarnos únicamente en una actitud quejumbrosa que no conduce a nada provechoso.
Con todo y los problemas que confrontamos, somos una nación cuya vida institucional y ciudadana discurre en un ambiente general de armonía en que los ciudadanos disfrutan de un amplio clima de libertades públicas.
Si observamos el panorama que se vive en otras naciones del continente, como en Honduras, donde unos seis periodistas han sido asesinados y el presidente Lobo teme que se intente un golpe de Estado en su contra, en la República Dominicana el panorama es de estabilidad social y política, gracias a un gobierno conducido por un civilista a carta cabal como el presidente Leonel Fernández.
Tan respetuoso es Fernández de la libertad de expresión, que opta por ignorar afirmaciones y mensajes bastante feos que se dicen en su contra por diferentes medios, en el entendido de que cualquier reacción en este campo podría crear eventualmente una situación conflictiva para el ejercicio pleno de esa esencial facultad de los ciudadanos en una sociedad democrática.
Hay gente que ante tantas alusiones mentirosas y temerarias pide la aplicación de restricciones o de una mordaza por algunos excesos y el Presidente prefiere ignorar tales recomendaciones y seguir sus ejecutorias en beneficio de los dominicanos de todas las clases sociales.
Por ejemplo, se garantizan los programas de interés social como los comedores económicos, donde los pobres pueden comer diariamente platos bien balanceados y de calidad por una módica suma, que es apenas simbólica, porque el Gobierno tiene que subvencionar estos alimentos para favorecer la dieta básica de los más necesitados.
Después de la caída de la tiranía, la libertad de palabra ha sido un aspecto fundamental para la libre discusión de las ideas. A diferencia de lo que ocurría durante ese oscuro período de la vida nacional, aquí nadie es obligado a decir lo que no desea o que no esté en consonancia con su pensamiento.
Es un valor que debemos preservar.
Rafael Corporán de los Santos es productor de radio y tv
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