Así como el estudio de los significados no afecta únicamente a ciertos tipos de segmentos, sino a muchas categorías y muchas relaciones en el dominio de la sintaxis, –de lo que se deduce que los mismos pueden cambiar dependiendo de las unidades de predicación resultantes de las combinaciones de palabras–, igualmente, en el caso de un fraude electoral, su significado variará con dependencia de una serie de factores, como son: La dinámica operativa de la estructura mafiosa-electoral, en cuáles niveles de elección se produce el fraude, en qué lugares, quienes son sus actores, sus protagonistas, y en fin, quiénes son las víctimas y quiénes los victimarios.
Extrapolo mi análisis a la cuestión semántica porque es la mejor manera de graficar, el significado fundamental y los significados colaterales, que pudiera tener el comprobado uso de malas artes para obtener “el favor” de la elección.
Hay denuncias de fraudes implementados por uno o varios partidos en perjuicio de uno u otros más, sean éstos aliados o contrarios; otras, son formuladas por miembros de un partido contra sus propios correligionarios; Y la mayoría, han sido hechas contra la Junta Central Electoral. Pero, ¿qué significado tienen dichas denuncias para unos y otros?, veamos:
Desde la perspectiva de sus víctimas, la comprobación de un fraude significa que la política ha dejado de ser una cuestión de valores para convertirse en un mercado donde se venden y se compran potencialidades y en el que no se examina la proveniencia del dinero que mitigará el hambre y las carencias materiales de una población electoral que hipoteca, por un poco de dinero para comprar la comida, la medicina y hasta la droga de un día, la realización de un mejor futuro en beneficio de todos.
Para los victimarios podría significar la realización de sus excéntricos caprichos, en algunos casos, oportunidad de experimentar una ascensión social que de otra manera no se hubiera cristalizado, en otros. Pero, no obstante, consumirán placenteramente este manjar de carroña que tarde o temprano corroerá sus vísceras, porque la historia no los absolverá.
Para la clase dirigente, incluidos los árbitros, habrá de significar la vergüenza inconfesada de haber impedido que a las instancias legislativas y municipales accedan auténticos representantes de sus comunidades y de que éstas estén plagadas de ineptos sin calidad ni capacidad para representarnos, pero sobre todo, de haberle abierto una brecha al narcotráfico para colocar sus incondicionales en las curules que facilitarán su anhelado proyecto de convertirnos en un narco-Estado.
Emerson Soriano es abogado y politólogo
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