No era mi intención comenzar esta exposición, resaltando algunos aspectos positivos extraídos del modelo de dominación que predominaba durante los 30 años que duró la tiranía trujillista, donde paradójicamente, existía la enajenación del ciudadano, el cual era considerado como un objeto que no tenía ningún tipo de valor social; sin embargo, este fue el período donde se impuso con más notoriedad el respeto a las leyes y por ende a los valores patrios, actitud que prevalecía en cada ciudadano como un recurso sin el cual no era posible desarrollar ningún tipo de actividad social en todo el territorio nacional.
Durante esta época, las orientaciones en ese sentido se iniciaban desde los hogares, las cuales eran consideradas como obligatorias, siguiendo por las escuelas que era donde se consolidaba la aceptación del principio de amor a la patria, respeto a las leyes, los valores patrios y las buenas costumbres.
Para ese período se impartían en el sistema educativo, las materias de moral y cívica y religión, modelo que prevaleció hasta mediados de los años 70.
A principios de la década de los años 80, usted podía observar que todavía se tomaba en cuenta la preservación de estos valores.
Aquí, por ejemplo, mientras se entonaban las notas del Himno Nacional, o se izaba la bandera, las personas que circulaban por esos entornos, procedían a detenerse en atención, como gesto de respeto a los símbolos patrios.
Hoy en día, la situación se torna muy diferente, aquí los ciudadanos, sobre todo aquellos que aún habiendo alcanzado cierto nivel de educación, son los primeros en mostrar indiferencia al respeto de los valores nacionales.
Lo más lamentable es que, aunque usted no lo crea, un gran porcentaje de esta población, no conoce o no recuerda las letras de nuestro Himno Nacional.
¿Qué pasará entonces con el resto de la población? Ya usted puede imaginarse. Solo basta con observar en las salidas de las escuelas, universidades, centros de trabajo públicos y privados, en momentos en que se iza o se baja la bandera, o cuando se entonan las notas de nuestro himno, cómo la mayoría de esta clase social continúa su ritmo de circulación sin importarle que es su deber expresar un gesto patriótico y de respeto a los valores nacionales.
En la medida en que se fue perdiendo el interés por preservar los principios ideológicos, así mismo se fueron debilitando las instituciones y en ello decayendo el respeto a los valores patrios.
Se requiere, pues, de los dominicanos, retomar los buenos sentimientos y amor a nuestra patria que fueron costumbre durante toda la vida republicana de este país.
Para la consecución de este objetivo, es necesario que las autoridades pongan en ejecución, conjuntamente con las instituciones afines, un plan donde se dé mayor difusión a la historia y los valores nacionales, orientando y aplicando leyes y medidas, con carácter obligatorio, tendentes a rescatar esos valores patrios que hemos perdido a través de los años.
Félix Díaz
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