Como el viejo caudillo no iba a entregar el poder sin pelear, escogió de dedo a su heredero para cerrar el paso al enemigo, en una jugada maestra.
Quien me narró esta historia fue protagonista de primera línea de los hechos y desafía a quien se atreva a objetar uno de sus datos, que nunca habían sido revelados.
He aquí el relato. Una tarde llegó presuroso, desafiante y arrogante al despacho del entonces presidente Joaquín Balaguer el subsecretario de Estado de Estados Unidos, Michael Scort. Trajo una encomienda muy concreta.
Sin esperar siquiera los saludos protocolares, el poderoso funcionario emplazó a Balaguer a entregar el poder al líder perredeísta José Francisco Peña Gómez.
Alegaba que el viejo zorro hizo un fraude colosal en las elecciones presidenciales del 16 de mayo de 1994. Debía entregar el poder al PRD so pena de sanciones para el país. Amenazaba con meter presos por corrupción a algunos familiares de Balaguer.
Fue ahí cuando Balaguer inició una de sus jugadas maestras. Scort no había bajado las escalinatas del Palacio, cuando Balaguer llamó a su médico de cabecera, Charles Dunlop. Le preguntó sosegadamente: “¿Cómo se llama el muchacho de Juan Bosch, el candidato vicepresidencial?”. Preguntaba por Leonel Fernández, que causó buena impresión como acompañante de boleta de Bosch en 1994.
Dumlop llamó al balaguerista Claudio de los Santos y le encargó que preparara un perfil de Fernández. Claudio se reunió con un amigo de Fernández, José Rafael Vargas (Varguita) y dijo: -¿tú puedes preparar en cuartilla y media la descripción de Leonel, de forma que un hombre ciego, como Balaguer, lo entienda?
Al día siguiente Vargas preparó meticulosamente el documento. Balaguer quedó deslumbrado con las descripciones sobre Leonel: (41 años), paciente, buenos modales, amante de la lectura, buen orador, carismático, sagacidad política, gran amor a su madre. Balaguer (87 años) se vio dibujado a sí mismo en su juventud, decían sus allegados.
“¡El viejo se metió en miedo!”, gruñó el balaguerista furibundo Leonardo Matos Berrido, al enterarse de que para salir de la crisis de 1994, Balaguer –presionado por Estados Unidos– aceptaba un pacto que acortaba dos años a su gobierno con elecciones en 1996.
Con el lema de Balaguer “¡el camino malo está cerrado!”, boschistas-balagueristas (abandonaron sus rencillas) crearon el Frente Patriótico. En la segunda vuelta, Balaguer apadrinó la llegada al poder de Fernández.
Roberto Valenzuela es periodista
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