El ayuntamiento anuncia (¡vamos a creerle!) que ahora sí vigilará el cementerio Cristo Redentor, como lo habían pedido decenas de ciudadanos comunes atracados antes.
Esa importante conquista histórica no se la debemos al síndico sino a los atracadores del contralmirante. De lo que se infiere que atracar de vez en cuando un general, un político de altura o un funcionario de primer nivel vendría bien para que nuestra burocracia cumpla los deberes que rutinariamente no cumple.
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