Como Alejandro Montás ha sabido oportunamente poner la patria bienamada a buen resguardo de los malvados (con ese inveterado civismo conque defiende el sistema y su partido), me dicen que en breve aceptará otro amargo sacrificio: dejar una cómoda curul con honorarios altos, exoneraciones y grandes cofrecitos, para asumir la riesgosa tarea de ser Supervisor de Obras del Estado, mientras Félix Bautista coge lucha en el Senado. ¡Qué encomiable desinterés y vocación de servicio!
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