Es un hecho innegable en nuestro país que la política ha dejado de ser una ciencia que busca la solución de los problemas básicos de un pueblo para convertirse, en la mayoría de los casos, en un medio más para la adquisición de riquezas, poder y beneficios personales.
Durante la campaña política se abusa de la ingenuidad del pueblo ofreciéndole cambios radicales en su día a día y jugando con los más puros sentimientos de una sociedad desesperada por carencias de todo tipo.
Muchos políticos adquieren en forma de donaciones artículos que podrían, en caso de ser bien usados, resolver situaciones apremiantes a personas pobres.
Es el caso de alimentos, medicamentos y artículos de primera necesidad, que en vez de ser repartidos de manera equitativa, son vendidos o distribuidos con criterios discriminatorios. Pero hay casos mucho más graves, que atentan directamente contra la sobrevivencia de personas y familias que viven sumidas en la indefensión y la más absoluta de las carencias materiales.
Por ejemplo, ahí está el caso de las ambulancias que algunos políticos sólo exhiben en períodos de campaña electoral. ¿Qué hace una persona pobre ante la necesidad de trasladar a un pariente enfermo? Empeñar lo poco que pueda tener, pedir prestado a un “módico” 20 por ciento, del cual no se librará jamás, movilizar de manera incorrecta a un paciente y en el peor de los casos, dejarlo a su suerte o esperar su muerte. Tiene que existir un genuino movimiento ciudadano que permita a los pobres autoprotegerse.
Las juntas de vecinos deben de asumir un rol fiscalizador que proteja los bienes que pertenecen a la comunidad. Cuando una institución o persona dona una ambulancia lo hace con el deseo de ayudar y segura de que ha escogido el medio o persona adecuada.
En la mayoría de los casos se incurre en un ¡craso error! Por ingenuidad, buena fe o desconocimiento. Lamentablemente, el Chapulín no puede salvarnos.
Tenemos que socializar la democracia para que nos sirva. ¿Cómo podemos hacerlo? Convirtiéndonos en frentes de resistencia ante los abusos de quienes como Judas, nos venden al mejor postor.
Soñemos con políticos que beban de la fuente de la honestidad. Soñemos con una camada de jóvenes íntegros que nos representen basados en la justicia y la equidad. Soñemos con que quienes tienen hoy la voz cantante y el poder, reflexionen e intenten satisfacer los requerimientos y expectativas de la población, que necesita de su orientación y asistencia, les haya favorecido con el voto o negado respaldo en las pasadas elecciones congresuales y municipales.
Rafael Corporán de los Santos es productor de radio y tv
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