En la edición de El Caribe de fecha 22 de mayo del año en curso, se publica un fragmento de la obra inédita del señor Pedro Conde “Uno de esos días de abril”.
He aprendido que en el discurso narrativo, pueden verificarse enfoques, ya desde el ángulo de la ficción, ya desde el ángulo de la realidad.
Cuando en un trabajo narrativo se enfoca la realidad, ella puede versar sobre cosas varias, la historia es una de ellas.
¡Cuántas definiciones hemos aprendido de la historia!
Napoleón decía que, “es una fábula con la que estamos de acuerdo”; Will y Ariel Durant creen que “la mayor parte de ella es prejuicio, el resto es adivinación”.
Pero, ¿en cuál de estas perspectivas se ubica el señor Conde al hablar de Elías Wessin en su novela inédita?
Pienso que el señor Conde, da de beber a sus lectores un cóctel de fábula y prejuicio.
De fábula, porque al abordar los hechos acaecidos en el puente Duarte, se ubica en el ángulo de los falsarios que, para construirse un heroísmo a la medida, han fabricado la “Batalla del Puente Duarte”.
De prejuicio, porque no dice que Radio San Isidro anunciaba las acciones militares que los hombres del general Wessin realizarían, con antelación, para evitar que indefensos perdieran sus vidas, debiendo inferirse, que el factor sorpresa quedaba descartado y, el mismo hecho de que las tropas de San Isidro cruzaran el puente desmiente el mito de que ahí hubo batalla alguna, –pues el sentido común indica que ellos controlaban la parte occidental del puente en esa afamada “batalla”–, lo que descarta también cualquier posibilidad del genocidio que el discurso escatológico del señor Conde le atribuye al General Wessin.
Olvida decir, además, que genocidas son los emblemas y figuras en los que ellos se inspiraron como Stalin y Mao.
El señor Conde tendrá derecho a construir, desde la perspectiva novelesca, su propio heroísmo, que contrasta con la cobardía confesada, pero que sepa que, gracias a las acciones de Elías Wessin y Wessin, hoy no hacemos filas para comprar con libretas, no tenemos Gulag y sí tenemos una sociedad en vía pacífica de desarrollo, con una clase económica estable y en crecimiento.
Una sociedad que permite formarse con el criterio suficiente para no depender de lo que nos cuente un escritor que aspira a ser héroe de la pluma, sin coraje para construir la historia con hechos, replegándose, al sonido del primer disparo, en la casa de una pobre viuda.
Emerson Soriano es abogado y político
Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla
Comentarios (3)
chau besos