Como reportero fui testigo de dos hechos enlazados con el Partido Revolucionario Dominicano (PRD) que me impactaron tanto que retumban en mi memoria y se mantienen dándome vueltas en la cabeza, como un eco permanente.
Uno ocurrió en la Casa Nacional del PRD. El otro seis meses después, en la residencia de uno de los símbolos del PRD, Tirso Mejía Ricart. Ambos guardan relación con el liderazgo aplastante del presidente del PRD, Miguel Vargas Maldonado.
Sucede que una noche tarde un grupo de periodistas, cuando esperábamos los resultados de una convención en la Casa Nacional del PRD, nos quedamos boquiabiertos con un incidente que protagonizó Yanet Camilo, presidenta de la Federación de Mujeres Socialdemócratas, y un dirigente del grupo de Hipólito Mejía. Él reclamaba –en una discusión ruidosa– que era injusto que todos los cargos importantes quedaran en manos del grupo de Miguel. “¡Dios mío ustedes quieren “to´pa´” ustedes!”. La dama, en tono arrogante y en posición de combate –golpeando una mesa– le gritaba varias veces: –aquí todo el que quiera aspirar a algo tiene que arrodillarse y decir: “ción” (bendición) papá Miguel (Vargas). Miguel es Dios en el PRD.
El otro hecho me ocurrió hace una semana al entrevistar a Tirso Mejía Ricart –un símbolo del PRD–. Al final de la entrevista, mientras me acompañaba a la puerta de su casa, me confesó lo mal que se siente con las luchas internas, “las agresiones a compañeros”.
Lo que más me entristeció (hablo con el corazón) fue cuando dijo que él, Iveslise Prats y otros símbolos del PRD están enfermos, entrados en edad y pueden morir, pero no ven el relevo que lleve al PRD a puerto seguro, en base a la unidad: una estrategia ideológica-organizativa para llegar al poder y retenerlo.
Nostálgico, me explicó que a Ivelisse le tuvieron que hacer dos operaciones de emergencia o que de lo contrario podía hasta morir (estuvo interna en la clínica Abel González). Me confesó que le cayó mal que el grupo de Miguel ordenara sacar de la boleta de diputado nacional número uno a un perredeísta prestigioso como Tolentino Dipp para colocar a Neney Cabrera.
Cuando me retiraba de su casa, con su mano temblorosa, fruto de su enfermedad (ya tiene problemas sicomotores) Tirso me remachó: “El PRD es parte de la historia de este país. EL PRD no es una ideología, sino un sentimiento y ese sentimiento lo van a acabar de romper: esta es la cuarta derrota consecutiva. Los partidos fuera del poder se desgastan”.
Roberto Valenzuela es periodista
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