Miguel Angel Rodríguez, un peledeísta que comparte un hobby con seguidores de otros colores partidarios, se encuentra a menudo con Juan Basanta, quien días antes de las elecciones le dijo que votara por Milagros.
Miguel Angel no negó su admiración por Milagros, pero le dijo que Reinaldo era su hermano. Al preguntárle Miguel a Basanta las razones de Milagros para arriesgarse en la contienda, a Basanta le salió el alma de artista y le contestó: “Mi mamá es un animal político”.
Allí, Miguel Angel cuenta una y otra vez la experiencia de su compañero peledeísta Nemía Rodríguez, fundador del PLD. Siendo un jovencito, Nemía Rodríguez fue a una entrevista de radio en San Juan. Al regresar, el padre le preguntó cómo le había ido, y el hijo le contestó que “había acabado con Jacobo Majluta, al revelar que el político había engañado al Doctor Balaguer cuando le compró al Estado una tierra para venderla más cara”.
El padre le contestó a Nemía: “Bueno, si Majluta tuvo la capacidad de engañar al Doctor Balaguer, ahora es que va a tener seguidores”.
Balaguer era el símbolo de la imagen del poder y pintar así a Majluta era engradecerlo en el universo de la simbología del pueblo”.
Los que se han dedicado a la capacidad de penetración que debe tener el mensaje prefieren la imagen, ya que “se impone por sí misma, como algo dado, desalienta las preguntas, genera asociaciones poderosas, resiste interpretaciones equivocadas, comunica al instante y forja lazos que trascienden las diferencias sociales”. En el experimento simple que ha hecho el hombre con la velocidad de la luz se encuentra la causa del poder de la imagen. Un hombre en una bicicleta estacionada lanza una pelota y miden la distancia recorrida. Al lanzarla con la bicicleta en movimiento, la pelota hace un recorrido mayor.
Cuando enciende la luz del farol de la bicicleta estacionada se plasma la distancia recorrida y se procede a poner la bicicleta en movimiento y al prenderse la luz, la distancia recorrida es la misma, es constante, contrario a las dos distancias de la pelota.
El poder de imagen reside ahí, en que penetra al cerebro del hombre a la velocidad de la luz, contrario a las palabras, que aunque también tienen su poder particular como hemos descrito en este mismo espacio, su asimilación toma un tiempo que permite construir barreras en el pensamiento.
Vender una imagen superior del adversario no es un buen negocio en política, ya que la simbología no deja espacio para la reflexión y la duda en la mente del pueblo.
Rafael Grullón es periodista
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