El reconocimiento que hizo el Papa Benedicto XVI a la República Dominicana, en la persona del presidente Leonel Fernández, por la contribución que el país ha brindado a los hermanos haitianos, luego de la tragedia provocada por un devastador terremoto, resulta sumamente estimulante porque en el ámbito internacional tiende a reforzar la imagen nacional, a veces afectada por grupos e intereses que quieren presentarnos como enemigos del pueblo haitiano.
Las palabras del Santo Padre, durante una audiencia que concedió en Ciudad del Vaticano a nuestro gobernante, son un espaldarazo a los esfuerzos desplegados por el gobierno dominicano para sentar las bases de la estrategia de largo alcance que contribuya a poner a Haití en una etapa de recuperación estructural sostenible en el tiempo.
En funciones propias de su investidura de jefe de Estado y sin dejarse apartar de sus obligaciones y responsabilidades fundamentales, el presidente Leonel Fernández cumplió una parte trascendente de su agenda en el exterior y ha sido ampliamente comentada, en vista de que el pueblo dominicano es predominantemente católico.
Si bien la ayuda humanitaria y la asistencia material en general es indispensable, pues la inmensa mayoría de la población haitiana vive sumida en un estado de depauperación generalizada, la República Dominicana ha insistido en la necesidad de que la cooperación trascienda la coyuntura creada por la tragedia.
La postura en ese sentido del presidente Fernández no ha sido una pose de ocasión, como han insinuado algunos críticos impenitentes, que solo reconocen errores y desaciertos, ya que todo está listo para la Cumbre a favor de Haití, que tendrá lugar en Punta Cana el 2 de junio próximo.
Fernández ha aprovechado su liderazgo internacional, ganado a través de su exitosa participación en diversos escenarios, donde incluso ha logrado evitar crisis mayores, para asegurar una buena participación de naciones que ya han prometido importantes aportes de millones de dólares.
El hecho de que se haya escogido a República Dominicana como sede es un reconocimiento al papel jugado por el país y sus autoridades y que se puso de manifiesto a raíz del terremoto, pues los dominicanos fueron los primeros en acudir en ayuda de sus hermanos haitianos y no solo por proximidad territorial, sino por un auténtico sentimiento solidario y de hermandad.
La comunidad internacional, que por años dejó Haití a merced de su suerte, ahora parece seriamente comprometida en una asistencia a gran escala que está llamada a producir grandes cambios sociales y económicos.
Rafael Corporán de los Santos es productor de televisión
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