Diputado, senador, mandamás de los municipios, candidato presidencial, nueve veces postulado y elegido, promotor del juego de la garata con puño, Amable gana y renuncia, renuncia y gana, quita y pone, pone y quita, y es paradigma del clientelismo, la más pesada cruz de nuestro subdesarrollo político.
No dudo, incluso, que un día de estos su osadía lo haga aparecer en lugar de José, como canchanchán de la Virgen de Altagracia. Acéchenlo.
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