En medio de discursos y cenas de manteles largos, y bienvenidas protocolares, y abrazos con la gran aristocracia, y promesas de capitales que vienen, y elogios por su mediación en conflictos de baja intensidad, y reverentes besos al anillo del Papa…En medio de todo eso, por la mente de Leonel ha de cruzar el rostro de Gilberto Serulle, pertinaz símbolo de un insólito fracaso político, como un clavito en el zapato.
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