Es penoso confesar medio siglo después, pero hay que confesarlo, que los más lamentables legados de Trujillo se proyectan cada día en la pesada cotidianidad de los titulares de los diarios: La sensación de que vivimos bajo un estado policial. La sensación de que quien decide el futuro del país y de cada ciudadano es el Jefe del Estado.
Y esa otra sensación de atraso medieval que se resume en una sola palabra: Concordato.
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