En el 1975 la seccional Jaime Vargas, en Estados Unidos, solicitó al Comité Político del PLD un charlista para que dictara una conferencia a propósito de un nuevo aniversario del golpe de Estado al profesor Juan Bosch y a Salvador Allende.
Para la ocasión, un joven peledeísta iba para Nueva York, situación que aprovechó la dirección de esa organización para asignarle la charla que solicitaba la estructura.
Ese joven era Leonel Fernández. Allí en aquella charla, Valentín Martínez conoció a Fernández, a quien felicitó después de su intervención.
Fernández le manifestó a Valentín su interés de permanecer un tiempo en Nueva York. Valentín poseía una tienda en la avenida Broadway con 161 en el Alto Manhattan, donde le ofreció trabajo a Fernández, bajo la salvedad de que no tenía la obligación de acudir como el resto de los empleados para que pudiera desarrollarse.
La tienda era un centro de debate entre los dominicanos partidarios de las más diversas posiciones ideológicas y políticas que predominaba en la juventud de la época. El tenía su pupilo, que representaba y defendía su posición, Fernández. En una comparencia de Fidel Castro ante las Naciones Unidas, cuenta Valentín, que le dijo a Leonel que escuchara por completo el discurso “del hombre grande que iba a hablar”, porque algún día lo vería a él, a Leonel, pronunciando un discurso como jefe de Estado.
Valentín tenía un carro cadillac, estilo presidencial. Con su joven empleado y compañero libraba una lucha. Valentín quería acostumbrarlo a que se dejara abrir la puerta de atrás y se sentara en la parte trasera del vehículo.
Leonel se sentía cómodo en jeans y tenis, pero Valentín lo convenció de que debía vestir más formal y lo recomendó para dar charlas en los colegios regionales de Nueva York, para que se fuera entrenando.
Cuando Leonel le presentó a su madre, doña Yolanda, Valentín le manifestó interés por el desarrollo de Fernández, y le dijo que su hijo iba a ser un gran político que llegaría a la presidencia de la República. Ella le dijo que así no, que no quería que su hijo fuera a aspirar a la presidencia, sino que se graduara de abogado. Valentín le dijo que sería un gran abogado, pero también un gran político.
Cuando Don Juan Bosch renunció a sus funciones políticas dentro del PLD, Valentín le dijo a Leonel: “Prepárese que usted será el sustituto del líder. Usted será el candidato después de Bosch”. Después de celebrarse la segunda vuelta el 30 de junio de 1996, Valentín se presentó a la casa de doña Yolanda. Al reconocerlo, ya que había pasado el tiempo, Valentín le dijo que iba a disculparse con ella.
Antes de su disculpa, permítame colarle un café, le dijo. “Yo vine a disculparme, porque usted recuerda aquella vez que le dije que su hijo iba a ser Presidente”. Doña Yolanda le contestó: “Son cosas del destino”.
Rafael Grullón es periodista
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