Oriana Fallaci, una periodista que conmovió la opinión pública mundial con su libro Entrevista con la Historia, acuñó en esa obra una expresión lapidaria: “Con los dictadores no se discute, se combaten.”
Doña Clara, la cocinera de toda la vida del doctor Balaguer que hemos descrito en este espacio, nos reveló que nunca había visto al líder ido del reformismo en chancletas, a pesar de que él había dicho que las tenía puestas y que estaba al pie de la tumba cuando escribió Memorias de un cortesano de la era de Trujillo.
Balaguer dice en una de sus confesiones que si hubiese obtenido la oportunidad de vivir de nuevo, viviría diferente, al parecer arrepentido de aquella expresión de que compensaba no haberse casado con tener la ventaja de levantarse de cualquier lado de la cama. Allí Balaguer llegó a una conclusión con eso de la vida, con la expresión de que es un arte vivirla.
Esos conceptos nos vinieron a la mente en estos días cuando se le ha estado haciendo misas a don Adriano Rodríguez, un ícono de la publicidad en el país que pudo haber escrito una memoria al estilo de Neruda, confesando haber vivido.
Mario Peña, quien fue amigo de don Adriano Rodríguez, contaba que una vez el publicista lo invitó a México y alquiló un piso de un hotel y contrató unos mariachis que cantaron toda la noche frente Adriano y sus invitados. Cuando iba a Puerto Rico a jugar gallos, don Adriano, nos cuenta uno de sus hijos, alquilaba varios pisos del hotel donde se hospedaba y la llegada de los dominicanos que iban con él era interpretada por los puertorriqueños como una especie de zafra.
Hoy a las guaguas anunciadoras le llaman Perifoneos, Disco Light y la del difunto Jacinto Peynado le pusieron el nombre de Peynadora.
Fue Rodríguez quien inauguró ese método publicitario de las guaguas y convenció de que era rentable anunciarse a los primeros empresarios dominicanos de los inicios de la primera mitad del siglo pasado.
Rodríguez no sólo trajo al país las novelas y las películas, los programas de más altos ratings de Televisa, los artistas más destacados en el plano internacional de su época y sentó precedente en la televisión dominicana con programas como Navidad P´Pueblo, sino que tuvo la creatividad de llevar el espectáculo hasta la gallera.
Rodríguez, de carácter imponente como los dictadores, que como dice Fallacci no se puede discutir con ellos, construyó un imperio, tarea no alcanzable para los hombres de espíritu débil. Pero lo que más nos ha llamado la atención de ese hombre, además de ser un artista en eso de vivir la vida como había deseado Balaguer ya sin tiempo para reparar, era que constantemente les recordaba a sus colaboradores que “El éxito no se discute.”
Rafael Grullón es periodista
Comentarios (0)