El acuerdo entre rojos y morados finalmente se ha materializado, pero el proceso de negociaciones estuvo plagado de problemas, tal como ocurrió cuatro años antes con la alianza rosada. De hecho, los escollos que rodearon a los dos pactos guardan una extraordinaria similitud.
En primer lugar, las discusiones en ambos casos fueron largas e incidentadas. No hubo mucha discreción, ya que muchas de las desavenencias entre las partes fueron de dominio público. No hay que ser un experto en marketing político para saber que esto no es conveniente, políticamente hablando.
Un factor importante en cualquier alianza electoral es el elemento sorpresa, el impacto que puede causar la unión de dos fuerzas. En un escenario óptimo, una alianza puede atraerse los votos de los indecisos, muchos de los cuales se van con el que creen que va a ganar.
También tiene el efecto de desmoralizar al contrario. Si un acuerdo se retrasa tanto, pudiera no crear los resultados deseados. Otro elemento negativo, que se ha dado en ambas alianzas, es el masivo despojo de candidaturas ganadas por dirigentes en las primarias.
Esto crea un ambiente de disgusto en los “sacrificados”. Algunos se integran sin mucho entusiasmo a la campaña o simplemente se quedan en su casa. En el peor de los casos se mudan a un partido contrario.
Yes aquí precisamente donde surge la tercera característica negativa de uno y otro pacto. Así como el PLD se aprovechó de los disgustos que provocó la alianza rosada, ahora el PRD hace lo propio.
La ambulancia recogiendo heridos vuelve a funcionar. Antes era morada y ahora blanca. Ante este escenario, la conclusión natural parecería ser que la alianza púrpura va a terminar igual que la rosada. Sin embargo, en política la suma de dos más dos no siempre es cuatro.
En este caso hay otros factores que analizaremos más adelante.
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Héctor Marte Pérez
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