Los sacerdotes, los fariseos, los saduceos y otros grupos sociales y religiosos del siglo primero discriminaron a Jesús durante su ministerio terrenal.
El trato de inferioridad que recibió Jesús se debía a ser hijo de un carpintero, procedente de una aldea de pescadores y un rabino empírico.
Jesús se hizo popular unos días antes de su muerte cuando al entrar a Jerusalén, la multitud le alababa y reconocía como el Hijo de Dios.
Pero esa popularidad fue breve, pues cinco días más tarde esa misma multitud gritaba ante Pilatos: ¡Crucifícale, crucifícale!
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