Personajes de la historia de la humanidad se han conocido a través de los siglos por determinados estribillos. Por eso Judas es sinónimo de traición. Que Judas vendió a Jesucristo ha sido un estribillo tan difundido que llevó a Juan Bosch a escribir la controversial obra Judas Iscariote, el calumniado, que al anunciarles a sus contertulios que la escribiría, le dijeron a Don Juan que lo haga, que los familiares de Judas se lo agradecerían.
Algo parecido sucedió con Martín Lutero, cuyo nombre se convirtió en negador de la Biblia. Al acto de poner en mano del enemigo una determinada acción se le ha bautizado como "Poner la Iglesia en manos de Lutero". Es cierto que Lutero fue el protagonista o el que provocó la división más significativa que ha tenido la Iglesia católica en sus 20 siglos de existencia.
Para lograr eso, Lutero no negó la Biblia sino que hizo una interpretación diferente a la que había hecho el reinado del catolicismo. Para dar a conocer sus desacuerdos con la Santa Sede, publicó 95 tesis, y con la protección que le brindaba Federico III el Sabio, príncipe de Sajonia, tradujo las Santas Escrituras del latín a un alemán comprensible para el pueblo común.
Hasta un ateo como Federico Engels se vio precisado a reconocer que a Lutero había que contarle entre sus méritos haber "limpiado la prosa de la lengua alemana". En Lutero hemos visto que la necesidad de comunicarse con las masas, tanto en forma escrita como verbal, ha sido un motor de transformación de la lengua.
Hitler, a pesar de ser calificado como un monstruo hasta por su propia sobrina, tuvo el poder de casi variar el curso de la historia de la humanidad, no solamente por capacidad de mando y la autoridad que inspiraba, sino también por su gran oratoria y haber escrito en la cárcel una biografía a destiempo: Mi lucha.
Cuando ejercía el poder proclamó que las edificaciones eran las palabras hechas piedras. Cuando un individuo nace, durante su desarrollo se crea un mapa mental, que determinan sus paradigmas, su forma de ver el mundo y el manejo que le dará a su lenguaje.
Para estudiar esto ha nacido una nueva disciplina, la neurolingüística, definida como la que "estudia los mecanismos del cerebro humano que posibilitan la comprensión, producción y conocimiento del lenguaje a partir de su experiencia o de su propia programación". La neurolingüística ha probado científicamente lo que tanto Martín Lutero como Hitler asumieron instintivamente: "El poder de la palabra".
Rafael Grullón es periodista
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