¿Son un mecanismo manipulado o distorsionado que, como las viejas de patio, dicen lo que conviene? Según el cristal con que se mire, son torpedeadas o alabadas, asumidas o desechadas. De acuerdo a la conveniencia, algunos la ven como prostitutas al servicio de quien paga, otros la asumen como fieles amantes.
Pero, ojo: las encuestas son científicamente confiables y una herramienta para conectar con los públicos de interés y predecir ganadores.
Sus resultados indican la realidad objetiva partiendo de una medición social con un número focalizado de ciudadanos, lo que da una muestra científica de cómo va el camino en el caso de las candidaturas.
Las encuestas miden cómo la gente piensa votar, las aspiraciones sociales, económicas, educativas y de salud de la gente, y otros factores que no se pueden echar a un lado, cuando esas mediciones hablan.
Las encuestas permiten identificar, en una primera etapa, la situación general de un candidato en un contexto amplio y, con los datos de esta primera medición, afinar la puntería e ir a grupos específicos.
En su libro “¿Cómo ganar elecciones”, Joseph Napolitan, quien las usó con intensidad en Estados Unidos por los años 60 y 70, dice que ayudan a los candidatos a establecer una lista de prioridades y destaca que permiten escuchar verdades que muchas veces difieren de las que se tiene en la cabeza.
Roberto Izurieta, de la Escuela de Gerencia Política de la Universidad George Washington, EEUU, recomienda la realización de una primera encuesta de base, la que genera información cuantitativa a partir de la cual se realizan estudios focales que derivan en informaciones cualitativas. Observa que estas últimas informaciones ayudan a profundizar en las percepciones, sentimientos e intensidades de esos sentimientos, sobre algunos de los temas escogidos luego de analizar la encuesta.
La información obtenida de ellas, permite a los candidatos dirigir su camino hacia audiencias de su interés a través de mensajes certeros.
La historia de las encuestas políticas se remonta a los años 20 y 30 en Estados Unidos, cuando la publicación The Literary Digest vaticinó con acierto quiénes serían los ganadores de las elecciones presidenciales de Estados Unidos. Eso fue hasta 1936, en que George Gallup predijo que ese año ganaría el demócrata Franklin D. Roosevelt al republicano Alf Landon, contrariando a la Digest. La predicción se cumplió.
Se considera que John F. Kennedy, entre 1960 y 1963, fue el primer candidato a la presidencia de EE.UU. en contratar empresas encuestadoras.
Pedro Ángel Martínez es periodista
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