Hay más de una versión de la “Batalla del 19 de Marzo”. Una de ellas me permite hacer esta pequeña reflexión. El 18 de marzo de 1844 pasó algo en Azua similar a lo que en la noche del 27 de febrero de ese mismo año en Santo Domingo.
El trabucazo de Ramón Matías Mella fue la señal inequívoca de que la marcha de la lucha contra la ocupación haitiana se iniciaba sin vacilación.
Veinte días después, el coronel Antonio Duvergé se aferró a la dignidad y cumplió su compromiso de luchar contra la columna de 10,000 soldados haitianos que presentó combate a orillas del río Jura.
Duvergé no aceptó la instrucción del general Pedro Santana, con quien se reunió el 18 en la tarde unos kilómetros antes de llegar a Azua. Ante la evidente superioridad numérica y en volumen de fuego de los haitianos, Santana propuso a Duvergé que formara su columna con el armamento disponible y lo siguiera en retirada hasta Sabana Buey, Baní.
Santana opinaba que siendo los haitianos más numerosos, era una locura hacerle resistencia con solo 600 hombres, muy pocos de ellos soldados, porque además “Azua no tenía defensas naturales”.
Duvergé, que tenía instrucción militar y política, pero sobre todo honor y patriotismo, discrepó con elegancia de su jefe y le advirtió que podía retirarse a Sabana Buey esa misma noche con sus cerca de 2,000 hombres y las mejores armas.
Él, en cambio, iba a ocupar su puesto de combate en las afueras de Azua porque no podía dejar a su pueblo solo cuando lo había estado preparando para resistir. Santana sale hacia Baní y Duvergé hacia toda la parte oeste del poblado, por donde llegaban los haitianos.
La diferencia fue que Duvergé provocó una fuerte derrota inicial a los haitianos y Santana le provocó grandes bajas al ganado de los campos al sureste de Baní, recibió a Duarte y frenó ahí su avance hacia el sur.
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