El simplismo de algunos analistas denota el derroche de talento de quienes se dedican a profesiones equivocadas. Ahora hay tanta gente gritando porque los organismos de seguridad del Estado no descubrieron que el señor Arturo del Tiempo Marqués, que vino al país como empresario y se introdujo en el negocio inmobiliario, era en realidad, un narcotraficante, si las autoridades españolas prueban esa acusación.
Lo más fácil del mundo es decir “lo que se debió hacer” después del juego.
Quienes hoy quieren que los organismos de contrainteligencia descubrieran las actividades de un hombre que se movía con tan buen “manto y leyenda”, ni siquiera se preguntan por qué no lo hicieron antes los españoles, italianos, norteamericanos, panameños y otros por donde se desplazaba. En todos esos países hay órganos de inteligencia y contrainteligencia con más experiencia y más recursos que los de aquí, pero los españoles atraparon a Del Tiempo Marqués, como sucede siempre, cuando algo le salió mal y la respuesta al imprevisto no funcionó.
Quisiéramos que aquí haya buenos sabuesos para perseguir ese tipo de crimen y también la corrupción, pero los gobernantes, invariablemente, utilizan los órganos de inteligencia fundamentalmente para completar información que les permita tomar ventajas frente a sus competidores, inmiscuirse en la vida privada de las personas y tener incondicionales que les sirvan.
Por eso nunca he oído decir que aquí haya una buena escuela para preparar agentes de carrera, que no los boten de sus funciones porque un político quiere su puesto para un allegado o porque con el cambio de gobierno se van quienes hacen el trabajo. Y ellos, que tienen más formación militar que de inteligencia, ni siquiera pueden hablar, ni decir cuánto ganan.
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