Siempre me llamó la atención el hecho de que en República Dominicana se prohibiera por ley hablar por teléfono celular mientras se conduce un vehículo y sin embargo en Puerto Rico eso no se castiga. Hace un año le pregunté a mi sobrino Vlado cómo es que si las leyes son tan estrictas no se ha castigado el uso de celular mientras se conduce.
La respuesta fue que allá intentaron aprobar una ley similar, pero cuando se iniciaron los debates en el parlamento, las empresas telefónicas, por diferentes medios y voceros, dijeron que estaban de acuerdo con la medida siempre que se prohibiera, además, comer mientras se conduce, tomar agua, refrescos, fumar o cualquier otra actividad que conlleve ocupar una de sus manos, como se hace con el teléfono.
La reacción de las empresas que verían perjudicadas sus ventas de artículos que se pueden consumir mientras se conduce se sumaron de inmediato al interés de las telefónicas para que “eso se quedara así”. En República Dominicana las empresas telefónicas no solo no se opusieron, que uno sepa, a la ley, sino que sin una ley, también dejan que algunos bancos prohíban llamar por un celular cuando se está en un área de negocios o en fila en cajas, a pesar de que los empleados y ejecutivos de esas entidades, que son seres humanos igualitos que los clientes, sí pueden hacerlo.
Hablar por teléfono mientras se conduce puede distraer tanto como ir comiendo un pedazo de piña, ir tomando café o jugos. Solo hablar por el celular está prohibido y esa es la principal causa de multas por infracciones de tránsito.
Aquí hay mucho más accidentes que en Puerto Rico porque allá no hay voladoras, motoconcho, carreteras tan deterioradas ni los millones de “policías acostados” que se burlan de los millones de hoyos a su alrededor.
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