Luego del devastador terremoto que sacudió al vecino país de Haití, son muchos los que han dicho presente ante esta calamidad. Desde presidentes de Estado, estrellas de Hollywood, hasta personas carentes de recursos económicos han dado muestras de solidaridad y han entregado a ese pueblo lo poco o mucho que pueden ofrecer.
Ya han pasado dos meses. Y ahora el problema no son los escombros ni el hedor de los cadáveres, ni los cuerpos por enterrar…Ahora preocupa la llegada de la lluvia, el sol que los azota sin contemplación.
Ahora preocupa la desesperanza por ignorar el mañana y no saber cómo accionar, porque sencillamente en Haití están sobreviviendo abrazados a las promesas y a las entregas del mundo.
La actual realidad que vive ese pueblo, debe ser un referente para que hagamos conciencia y entendamos que cada ente, cada nación tiene sus propias necesidades y deseos, envueltos en su mapa particular del mundo.
En el caso de Haití como país, en estos momentos su mapa del mundo es buscarle albergue a su gente, para que no sea lastimada por el sol y el frío de la noche, para que las gotas de la lluvia no se confundan con las lágrimas que señalan la profunda tristeza en que está sumergida esa pequeña parte del planeta.
Hace falta escuchar la voz de los expertos, hace falta saber cómo continuar lo que se ha iniciado.
No podemos permitir que el tiempo siga avanzando para entender y accionar ante esta imperante necesidad. Sin embargo, lo peor en todo esto es que la responsabilidad no recae en las autoridades de esa nación, porque obviamente, cuentan sólo con intenciones.
Más bien, el compromiso se soporta sobre las promesas del mundo. Según un conocido refrán, después de la tormenta viene la calma, pena que con ella puede venir el olvido, por lo que es preciso que se siga hablando de Haití para que las promesas sigan transformándose en resultados.
La solidaridad no debe tener límites ni fronteras, y eso se evidencia en cada muestra de apoyo recibida por Haití, tanto de los dominicanos que han manifestado su hermandad, como de los extranjeros movidos por el dolor ajeno junto a la presteza de las Naciones Unidas, todo lo cual conforma un conjunto humanitario que ha asumido este deber con entereza y con la mejor disposición de ayudar a nuestros vecinos a levantarse.
Contribuyamos a mantener en alto las promesas del mundo para que no se olvide a un hermano que tanto nos necesita: Haití.
Isabel Pérez Peña es ciudadana
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