Como si no fueran suficientes para el país todos los problemas que tenemos, algunos ancestrales, herencia de la tiranía de Rafael Leonidas Trujillo Molina (Chapita), ahora nos llegan las provocaciones de sus familiares.
Es cada vez más frecuente la presencia de familiares de Trujillo que ya no sólo hacen vida normal en nuestro territorio, sino que tienen la osadía de poner en circulación obras que pretenden limpiar la imagen del más verdugo de los dictadores de su época.
Es evidente que para hacer vida normal en el país y atreverse a publicar obras como la de Angelita Trujillo, los descendientes del dictador cuentan con mucho apoyo, no sólo de quienes le sirvieron al régimen de oprobio que encabezó el padre de esta señora, sino en las más altas instancias del poder.
Y no debe sorprender, pues el trujillismo nunca ha dejado de estar presente en los estamentos de poder, civiles y militares, en la República Dominicana.
Sólo hay que ver cómo existiendo una ley que data del 1962, la 5880, que prohíbe la difusión de propaganda trujillista en el país, no se hace valer a la hora de anunciarse actos como el del pasado jueves donde se pretendió poner en circulación el libro de Angelita.
¿Qué nos dice esto? Que hay una evidente complicidad de las autoridades dominicanas actuales, que permiten hechos como ese, donde pudo haberse generado una situación muy peligrosa.
O es que acaso los trujillistas, dentro y fuera del gobierno, creen que los muertos, torturados, violados y abusados por el régimen que encarnó el dictador, no tenían familias.
O acaso piensan que esos familiares y sobrevivientes de las torturas, han olvidado al cabo de los años esas terribles pesadillas, como para que ahora les vengan a decir que Trujillo fue un santo, que no mató ni mandó matar a nadie.
Comprendo a la señora Angelita que como hija ( beneficiada por el régimen de su padre), tenga interés en limpiar su imagen.
Pero hacerlo presentándolo como un inocente de toda la barbarie ordenada por él, y más aún culpando a quienes nos libraron de su dictadura, de ser responsables de los crímenes de la misma, es una provocación y este país no puede ni debe permitirlo.
Hubiera sido menos ofensivo un libro de ella loando a su padre, o resaltando, como otros serviles del régimen, lo que entienda hizo bien dizque por el país.
Pero nunca limpiándolo de los crímenes y menos echarle la culpa a otros, que hoy son verdaderos patriotas.
Daniel García Archibald es periodista
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