Si alguien tuviera dudas de que los principales partidos políticos son tan semejantes, solo tiene que observar como se van a una competencia ciega por pactar con fuerzas menores y éstos a su vez aceptan, como en un mercado, a quien más le ceda a cambio de su respaldo.
Por eso fue que el PLD pactó en 1996 con el PRSC con tanta facilidad solo cinco años después de que Bosch denunciara el “fraude colosal” que le habría hecho el PRSC en el 1990 y que se publicara el desaparecido libro “Raíces de un poder usurpado”, de la pluma del actual presidente Leonel Fernández.
Entre el enfrentamiento Bosch-Balaguer de 1990 y la firma del llamado Frente Patriótico en 1996 no medió ninguna autocrítica, sino que hubo una emergencia que acercó a ambos partidos: la inminencia de una victoria de Peña Gómez y por demás llevando como compañero de boleta a Fernando Álvarez Bogaert, algo difícil de aceptar por el líder reformista que tenía que ver las elecciones desde su butaca en la avenida Máximo Gómez. De esa alianza inicial salió una separación y en las elecciones del 2000 fueron las tres fuerzas independientes, ganando el PRD en primera vuelta por la mínima, con Hipólito Mejía de candidato.
La próxima alianza de los reformistas se selló con el PRD en el año 2006 para las elecciones legislativas y municipales que en ese momento tenía mayoría en el Congreso y los cabildos. Ese pacto tenía el objetivo de evitar que el PLD, que controlaba el Ejecutivo, se hiciera del Congreso también.
La “Alianza Rosada” perdió la mayoría por una derrota humillante que le proporcionó el PLD junto a otras fuerzas de centro izquierda y conservadoras. Mortalmente herido, el PRSC vuelve a pactar esta vez con el PLD.
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